En las cocinas del maestro: un boceto de Giordano para el lienzo veneciano de Santa Maria del Pianto.
Casi intacto y desconocido para los especialistas, el cuadro en cuestión, realizado con una escritura fluida y compendiaria, es uno de los raros bocetos completamente autógrafos de la primera madurez de Luca Giordano, en una fecha que conviene situar a finales de la década de 1660; una etapa de crecimiento estilístico y cultural sin comparación del maestro del barroco tardío, sobre la que se ha reflexionado mucho, especialmente en los últimos tiempos y en repetidas ocasiones desde 2005, a instancias de quien escribe'.
Del tamaño de una cabecera, el lienzo es una pieza preciosa para espiar de cerca o, mejor dicho, \"desde dentro\" un ápice como la \"Deposición de Cristo de la Cruz\", custodiado durante más de dos siglos en las Gallerie dell'Accademia de Venecia. Nunca publicado, nuestro cuadro es un boceto preparatorio sin variantes significativas para este lienzo veneciano procedente de la iglesia de Santa Maria del Pianto; por el momento, es, de hecho, o podría ser el único de los que quedan por encontrar que Giordano debió preparar de cara a la inmensa máquina. Los demás, a juzgar también por las fotografías, parecen más acabados y perfilados. Da la impresión, en definitiva, de que son redacciones posteriores: independientemente de que se consideren originales o réplicas de taller.
Como siempre en la práctica de los talleres antiguos, el medio del boceto es valioso no solo para documentar los pasos de aproximación a la obra terminada; sino que su reaparición permite entrar, digamos, en el laboratorio o en las cocinas del pintor.
Boceto más que modelo
Atención. Parece impensable que, para un retablo de este compromiso y ambiciones, el maestro, mentalmente dedicado al fresco e intolerante con los límites del marco, no se preparara con todo cuidado (sin excluir, obviamente, los dibujos y grabados que se hicieron de él, empezando por uno, de gran fidelidad, conservado en el Gabinetto Disegni e Stampe de Bérgamo).
Sobre los bocetos de Giordano (y de su escuela) sigue siendo fundamental la apertura de un historiador especialista en el maestro como Oreste Ferrari 2 desde hace treinta años. A cuatro manos con Giuseppe Scavizzi - primero en la monografía de apertura de 1966, luego en 1992 - elaboró una lista de copias (o réplicas) del lienzo de Santa Maria del Pianto. Esta lista ha tenido un incremento sobre todo por las emergencias del mercado. Una copia fue señalada en la Accademia Carrara de Bérgamo (165 x 77) por el joven Ferdinando Bologna en 1958; otras en el Véneto y en colecciones privadas. Una, de gran momento y que hemos ilustrado al final, en la iglesia de San Lorenzo de Vicenza, conocida desde 1956, se considera, no se sabe sobre qué bases, de Michele Desubleo.
En el citado volumen sobre el maestro de 1992, que constituye uno de los grandes libros de historia del arte salidos a finales del siglo pasado, se ilustra únicamente, como boceto, el ejemplar del Art Museum de Worcester (130 x 165), con una datación de 1665. El cuadro, adquirido por el museo americano en 1969, presume de proceder de una antigua colección veneciana. La lectura del estilo hace creer, sin embargo, que también aquí estamos ante una versión posterior, en formato de habitación (130x165)9. Cabe decir que, a modo de posdata de la ficha del cuadro veneciano de Giordano, los excelentes monografistas enumeran seis \"copias\" sin especificar si son bocetos (o modelos) y en qué medida son de taller o de otra mano. De buena factura cabe mencionar, además, el cuadro de la Pinacoteca \"Corrado Giaquinto\" de Bari (de 97 x 55 cm); junto con otro, aparecido recientemente en el mercado (175 x 120), se conocen varios para los que resulta muy difícil pronunciarse sobre la autografía.
El opus magnum de Giordano en y para Venecia
Los conocedores de la pintura lagunar no necesitarán que se lo recordemos. El opus magnum de Giordano era, en la iglesia, el único número meridional, aunque el más barroco de todos, admitido en una combinación de nombres septentrionales de primer cartel heteróclita cuanto energizante. Esta comprende al paduano Pietro Liberi, clase 1605, el luqués Pietro Ricchi (desaparecido en Udine en 1675), el toscano Sebastiano Mazzoni (muerto en Venecia en el '78) y, finalmente, el veneciano Pietro della Vecchia muerto el mismo año que Mazzoni. Todos estos, más ancianos que Giordano, enriquecían el póquer de altares restantes en un Organismo de pleno 600, organizado por el arquitecto Francesco Contin en el sestiere de Castello en las Fondamenta Nuove, en significativo llamamiento a la cúpula suprema de Longhena de la Salute.
Un espectador cada vez más implicado
Una especie de summa de toda la agenda cultural de Giordano hasta esa fecha (de Rubens a Caravaggio, al español Ribera hasta Pietro da Cortona), la \"Deposición\" de Santa Maria del Pianto ve al maestro treintañero insertarse con desenvoltura dentro de un tema tantas veces revisitado, en primer lugar por él mismo; pero con un hallazgo genial el pintor descentra la Cruz desplazándola de lado, sí de crear un efecto de dinamismo que deja todavía sin aliento, dado que hablamos de un cuadro de casi cinco metros que, sobre el altar de una iglesia, prevalecía quien mira hasta aplastarlo.
Como se ve también en nuestro boceto, realizado con pinceladas rápidas y a manchas, el cuadro es hipermaduro y rico en hallazgos. La práctica de involucrar al espectador hasta hacerlo partícipe, que es una de las estrategias puestas en marcha por el Barroco, se lleva aquí a un elevado grado de virtuosismo. Ejecutada para la iglesia veneciana de Santa Maria del Pianto, hacia finales del séptimo decenio del siglo, es una de las obras maestras de Giordano además de la más majestuosa y ambiciosa, pero también desconocida, pintura napolitana conservada en las lagunas y, en definitiva, en el norte de Italia*.
Majestuoso: porque se trata de un retablo de más de cuatro metros y medio de alto por dos y medio de ancho, una especie de máquina enorme, donde aparece enseguida claro cómo Giordano tendía, más o menos inconscientemente, a rivalizar, ante todo por dimensiones, con un ápice del barroco, anterior de medio siglo, como la asombrosa \"Sepultura de Santa Petronilla\" del ferrarés Guercino para la basílica de San Pedro (1624).
Ambicioso: porque aquí Giordano, ya dominador absoluto e incontestable de la escena local, prueba a afirmarse, con talento pero también sagacidad empresarial, en mercados excepcionalmente competitivos como el florentino, el ligur o, precisamente, el veneciano. Si la estancia de Giordano en Venecia parece ahora deber caer en 1668, es cierto que obras suyas circulaban ya desde hace tiempo en el pasa palabra de coleccionistas con las antenas rectas\" . No se equivocaría quien dijera que el retablo de Santa Maria del Pianto tuvo dos vidas consecutivas y no paralelas: exiliado en 1810 de la iglesia, donde estaba colgado en compañía de auténticos héroes de principios del 600 en Venecia, el cuadro llegó a las galerías de la Academia a finales de la primavera del '29.
Mal conocido o semi conocido: porque en el paso de la iglesia al museo, mientras perdía valor cultural para adquirir uno cultural el inmenso cuadro, por razones no solo ligadas al formato, nunca logró encontrar la debida pared donde ser colgado. Solo en los últimos años, en las salas renovadas de la planta baja de la pinacoteca veneciana, el inmenso retablo, epítome o antonomasia del barroco tardío pictórico en Venecia, ha encontrado una congrua colocación. Con todo, no se puede decir francamente que esté entre los Giordano más vistos.
Pero si es cierto que el cuadro no falta en ninguno o casi ninguno de los buenos repertorios sobre la pintura veneciana del '600, desde Illucchini en adelante, viene la duda de que se le niegue la portata por panorama napolitano coevo. En resumen, del mismo modo en que uno de los amarres murales del Giordano maduro se encuentra en Florencia en el Palacio Medici Riccardi, así una de las obras más grandes y complejas del maestro se encuentra en Venecia. Por paradójico que pueda sonar, las cumbres del barroco tardío napolitano y meridional no se encuentran en Nápoles.
Últimos focos sobre Giordano
Giordano, como todos sabemos de memoria, no es un pintor raro. Al contrario. De cuadros suyos, de mayor o menor nivel, aparecen continuamente. Además, especialmente después de las salidas monográficas implementadas en los últimos sesenta años (de 1966 al '92 hasta 2003 e incluso después), también en el plano de la cronobiografía, los datarios detallan ya, con acribia admirable, cada desplazamiento: desde los inicios en la década de 1650 hasta la muerte en 1705, tras el triunfalísimo decenio español.
No obstante, algunos segmentos como, precisamente, el de los bocetos o modelos preparatorios, por no hablar de los dibujos y de la gráfica, permanecen en gran parte por explorar según lo justo. Por otro lado, cada adición, especialmente si, como en nuestro caso, de mérito, obliga a hacer mantenimiento de ideas sobre un maestro decisivo que, por muy vigilado que haya estado siempre, ha gozado recientemente de una cierta efervescencia crítica con algunos focos organizados por quien escribe en París, en el Petit Palais (2019) y, en plena emergencia pandémica, en la sala Causa del Museo de Capodimonte en Nápoles (2021)