Angelo Maria Rossi, apodado "El pintor de Carlo Torre" o "El Pseudo-Fardella" (documentado entre 1665 y 1701), attr.
Bodegón con caza - Bodegón con peces, cardo y langosta
Óleo sobre lienzo, 91 x 121 cm – con marco, 104 x 133 cm
Este par de bodegones son dos obras del recientemente redescubierto pintor, Angelo Maria Rossi, una figura artística destacada en el panorama del barroco paduano. Los lienzos, que representan respectivamente un Bodegón con caza y un Bodegón con peces, cardo y langosta, manifiestan una sensibilidad lumínica y material que eleva el objeto cotidiano a protagonista de una narración silenciosa y solemne. En la primera obra, el pintor dispone con hábil equilibrio los frutos de la caza: una liebre en primer plano, con las patas atadas, dialoga con un ave desplumada y una gran variedad de pájaros, todo ello recortado sobre un fondo oscuro que realza la tactilidad de las plumas y la suavidad de los pelajes. En la segunda composición, la atención se desplaza hacia los productos del mar y de la tierra, donde el rojo vivo de una langosta posada sobre una cesta y la verticalidad escultural de un gran cardo crean un contrapunto dinámico a la fijeza de los peces y las ostras dispuestas sobre el plano.
El autor de estas obras, Angelo Maria Rossi, fue durante mucho tiempo un enigma para la historiografía artística. Activo en Lombardía en la segunda mitad del siglo XVII, fue inicialmente conocido con el seudónimo de "Pseudo-Fardella" debido a afinidades estilísticas con el maestro siciliano. Posteriormente, en 1996, la crítica lo identificó como "Pintor de Carlo Torre", apodo derivado del hallazgo de una dedicatoria dirigida al erudito autor del "Retrato de Milán" en uno de sus lienzos. Solo más recientemente, gracias a los estudios de Giuseppe Cirillo y al descubrimiento del monograma A.M.R., ha sido posible atribuir una identidad civil cierta al artista. Rossi emerge hoy como una figura central, documentada entre 1665 y 1701 a través de numerosos inventarios de prestigiosas colecciones milanesas y turinesas, testimonio de un notable éxito coleccionista ya en época barroca.
La poética de Rossi se distingue por una calma compositiva y una delicada elegancia que parecen destilar la lección caravaggesca en una atmósfera más íntima y crepuscular. La luz, que incide diagonalmente sobre los objetos, no tiene solo una función descriptiva, sino que define el espacio, encendiendo cromías profundas y vibrantes. En los dos lienzos en examen, se percibe claramente cómo su arte influyó en el bodegón de la época: la capacidad de representar el brillo de las escamas o la blancura de las superficies es el resultado de una técnica rigurosa que no renuncia a la búsqueda de lo bello. Estas pinturas encajan perfectamente en el corpus del maestro, donde la verdad de los datos naturales se funde con una regia lumínica teatral, típica del gusto lombardo del siglo XVII, capaz de transformar una despensa en un escenario de reflejos y sombras de gran encanto.