Escuela boloñesa del siglo XVII
Retrato de Ginebra Cantofoli
Óleo sobre lienzo, cm 48 x 39,5
Con marco, cm 57 x 50
Este cuadro representa a una mujer pintora captada en plena actividad creativa. De hecho, dirige su mirada hacia el espectador, como si hubiera sido interrumpida repentinamente, mientras sostiene entre sus manos la paleta y los pinceles, herramientas del oficio, y con un caballete detrás sobre el que descansa su última obra: un retrato de medio cuerpo de un joven que juega con el concepto de cuadro dentro del cuadro, creando una doble ilusión a los ojos de quien observa el retrato. Tanto esta solución como la idea de representarse con objetos e instrumentos relacionados con su trabajo artístico eran a menudo utilizadas por las pintoras, que querían así demostrar su independencia cultural, profesional y cultural respecto a un mundo masculino, en el que era difícil afirmarse a causa de hábitos y estereotipos seculares que se reflejaban también en el universo artístico. La fama que alcanzaron algunas mujeres en el campo de la pintura fue reconocida tanto por sus contemporáneos como en los siglos sucesivos hasta hoy; muchas de estas decidieron autorrepresentarse o se hicieron retratar precisamente durante el desarrollo de su arte, como hicieron por ejemplo grandes artistas como Lavinia Fontana, Sofonisba Anguissola, Elisabetta Sirani, Artemisia Gentileschi, Rosalba Carriera y Violante Series Cerotti. A menudo el retrato asumía también un significado metafórico a través de algunas referencias simbólicas que permitían interpretar a la pintora también como una eventual alegoría de la pintura, aunque en esta obra no se encuentren objetos o alusiones de tipo alegórico. Deteniéndonos en la identidad del sujeto, los rasgos, la vestimenta y el peinado, bloqueado por telas estrechas alrededor de la cabeza, recuerdan a los de una importantísima pintora boloñesa del siglo XVII y a sus sujetos femeninos: Ginevra Cantofoli (1608-1672), alumna de Elisabetta Sirani y activa en su ciudad natal durante toda su vida. Desde el punto de vista estilístico, la obra se sitúa en el mismo siglo de actividad de la Cantofoli, de la que retoma también las tonalidades, el tenue claroscuro, la vestimenta, el fondo oscuro y la diáfana luz que ilumina el rostro de la mujer. El autor o la autora sigue, por tanto, las huellas estilísticas de la retratada, quizás por coherencia hacia el sujeto representado o quizás por proximidad en la formación artística, tal vez un colega, un alumno o un admirador de la Cantofoli. Este resultado recuerda la obra en la que Bernardino Campi retrata a Sofonisba Anguissola, realizada precisamente por la pintora cremonense alumna del mismo Bernardino, en un juego de representaciones recíprocas que podrían hacernos sospechar que el hombre retratado en el lienzo colocado sobre el caballete pueda ser el mismo autor del lienzo, que a espejo realiza el retrato de la artista.