Gerbrand van den Eeckhout, (Ámsterdam, 1621 – ídem, 1674)
La continencia de Escipión
Óleo sobre lienzo, cm 181 x 170
Con marco 197 x 186
Seguidor de Ferdinand Bol, Nicolaes Maes y Govert Flinck, pero sobre todo del genio de Rembrandt, Van den Eeckhout conjugó el trazo dejado por el arte de la orfebrería, conocido en el taller paterno, con el léxico más actualizado de la pintura flamenca. La inserción dentro del llamado barroco holandés, del cual el artista se hizo ferviente testigo en calidad de renovado expresionismo de sus pinturas históricas, se adecuó a su lección con creciente interés; Van den Eeckhout anticipó en la evanescencia sutil de los preciosos objetos retratados, verdaderos escenarios de dosificadas vicisitudes humanas, lo que más tarde haría Pieter de Hooch, y como él, muchos otros discípulos. La particular predilección por temas históricos, tanto bíblicos como profanos, derivaron al artista del fuerte academicismo entonces en boga en la ciudad de Ámsterdam, semillero de encargos internacionales que descubrieron en la contraparte europea meridional, sobre todo en Francia, la principal demandante en el mercado. El acercamiento a Rembrandt se consumó para Van den Eeckhout alrededor de los años treinta del siglo XVII, permaneciendo sin embargo en su ductus pictórico, bien que renovado y disciplinado de manera marcadamente original a través de la dosificación participada del color. Si los tonos oscuros y el detallado contraste lumínico son reconocibles también en el estilo del maestro, la voz de Van den Eeckhout se desvela en el sentido lirismo que emana de los rostros de los retratos, estigma sentimental de la vicisitud narrada, capaz de hacer llegar al espectador con mayor vehemencia el significado moral de la imagen. La escena, de naturaleza histórica, se refiere a lo narrado por Tito Livio (Ab Urbe Condita, XXVI, 50, 1-13 passim), posteriormente novelado por Petrarca (África, IV, 375-388), temática realmente buscada dentro del mundo de la historia del arte. En el ámbito de la Segunda Guerra Púnica, el general Publio Cornelio Escipión (234 a.C. – 183 a.C.) asedió y logró la rendición de la ciudad de Cartago Nova, en Hispania. En la óptica de la ofrenda al nuevo conquistador a través de libaciones y homenajes, algunos ciudadanos ofrecieron a Escipión gran cantidad de objetos de plata, así como una doncella, ya prometida en matrimonio a cierto Allucius. Escipión rechazó la oferta, devolviendo la doncella a su prometido. La vicisitud entró en el acervo de los episodios paradigmáticos del notorio altruismo romano, junto al genuino sentimiento de misericordia, luego asociado por cierta crítica literaria al respeto cristiano, que había redescubierto a Escipión. El presente cuadro, según el estado actual de los estudios, puede ser aproximado a las terceras réplicas ejecutadas por el propio Van den Eeckhout, conservadas en las colecciones del Museo de Arte de Toledo, del Rijksmuseum de Ámsterdam (1653) y del Philadelphia Museum of Art (1659); procedente de la Galería Accorsi, la obra introduce, al igual que los lienzos similares, pero no en repetición pedissequa, una precisa serie de vasijas de plata – que Escipión rechaza –, ejemplada en las piezas del siglo XVII ejecutadas por Adam van Vianen. La savia orgullosamente flamenca se ofrece, en el presente, por la vivacidad de los tonos dorados y rojos, que encienden la composición. La calibrada presentación de los personajes, cadenciada linealmente en primer plano, al igual que las procesiones paratácticas sobre los antiguos frisos romanos, organiza un modo ascendente del lado derecho del cuadro al izquierdo, haciendo coincidir así el punto de máxima tensión en la persona de Escipión, excelente vir romano, movido por la piedad y no ya por el torpe barbarie del conquistador. El haz de sol que inunda las arquitecturas del fondo reverbera en el aspecto lumínico que recorre las ricas vestimentas de los personajes. Ciertamente, ni los próximos cónyuges, ni siquiera los parientes de la joven visten ropas romano-hispánicas; la moda es la del período de oro flamenco, magníficamente elogiada en el triunfo de pliegues suaves que dibujan el manto de Escipión y del hombre arrodillado, así como en el terciopelo púrpura de la mujer en la parte inferior derecha. La pincelada decidida y matérica, cargada de densidad plástica, llena con generosidad todos los campos del cuadro, persiguiendo hasta el más mínimo detalle las cándidas gotas de brillo solar, que destacan sobre los preciosos objetos apilados y sobre las armaduras de los soldados. La intensidad del pasaje histórico, musicado a través de espléndidas realizaciones artísticas, se concentra así en una monumental instantánea política, de vibrante apariencia extática, de vívidamente feliz enseñanza alegórica.
Al margen de la crítica artística, como confirmación de la importancia de la obra, consideramos oportuno señalar la procedencia del cuadro de la colección Accorsi de Turín, trasladado posteriormente a una importante colección milanesa como última propiedad.
Se ha presentado también documentación, de la cual existe registro, que atestigua el intercambio epistolar ocurrido a mediados de los años 80 entre la propiedad y el Museo de Bellas Artes de Lille, representado por el Director y conservador general Arnaud Brejan de Lavergnée y el Sr. Robert Labati. La correspondencia repasa el largo iter que había llevado a la solicitud de donación de la obra al mencionado organismo tras una visita el 28 de diciembre, no aceptada por los propietarios del cuadro.