Taller de Giangioseffo Dal Sole
Suicidio de Sofonisba
Óleo sobre lienzo, cm. 44 x 35
Una luz fría, casi antinatural, destaca en esta pequeña pintura las joyas, las ondulaciones de las telas y el cabello, la boca y los ojos húmedos de lágrimas de una joven reina. Aunque no se ve ningún elemento espacial, es esta misma luz la que nos habla de un interior, de un contexto íntimo dentro del cual, habitualmente, se representa el Suicidio de Sofonisba.
La reina de Numidia, antiguo territorio norteafricano correspondiente a la actual Argelia, está representada con un turbante y una copa de oro en la mano, mientras se dispone a beber el veneno para no entregarse prisionera al ejército romano. Sofonisba, tras la derrota de su marido Saface, se convirtió en la favorita del soberano bereber Massinissa, pero Publio Cornelio Escipión el Africano temía que esta relación llevara al pueblo bereber a enfrentarse a Roma, de ahí la amenaza de arrestar a la reina y el epílogo trágico cumplido por medio del mismo veneno que Massinissa proporcionó a Sofonisba.
Boccaccio ensalzó las virtudes morales de Sofonisba en su De mulieribus claris (1362) y, junto con Cleopatra, Lucrecia y Artemisia, la reina de Numidia forma parte del repertorio iconográfico de las heroínas antiguas, que, aunque paganas, siguieron siendo ejemplo de fuerza, estoicismo y coraje, incluso en época renacentista y barroca.
Los ojos lánguidos dirigidos al cielo, el rostro ovalado, reforzado por las volutas del turbante y construido con caracteres ideales, lejos de cualquier retrato, parecen típicos de la tradición pictórica boloñesa a caballo entre los siglos XVII y XVIII. Lejanos modelos renianos se estratifican bajo al menos tres generaciones sucesivas de artistas, desde Cittadini a Pasinelli, hasta Giangioseffo Dal Sole, de cuyo taller debería haber salido esta redacción, aunque es difícil reconocer una mano precisa entre las de sus alumnos. Aunque se atribuyen a Flaminio Torri, creo que pertenecen a Dal Sole los dos pequeños lienzos conservados en la Pinacoteca Comunale di Faenza, que quizá sirvieron de ejemplo para la ejecución de la obra en cuestión. Me refiero a otra Sofonisba y a una Artemisia. Nuestra pintura tiene una impostación similar, aunque muestra elementos menos suaves y aparentemente más arcaicos, pero tales componentes deben considerarse el tributo de una personalidad en formación, sobre la cual se reverberan lejanas tradiciones ciudadanas, desde Passerotti a Calvaert. Considero que la obra data de entre finales del siglo XVII y principios del siglo siguiente.
Bibliografía: inédito
Massimo Pulini