Escuela veneciana de finales del siglo XVI
Círculo de Jacopo Negretti, conocido como Palma el Joven (Venecia 1544 - 1628)
San Jerónimo Penitente
Óleo sobre lienzo
85 x 64 cm., con marco 97 x 76 cm.
Los detalles completos relativos a esta pintura se pueden ver directamente en el siguiente - ENLACE -
Esta espléndida pintura, que nos ofrece una intensa representación de San Jerónimo Penitente, doctor de la Iglesia que vivió entre los siglos IV y V, es una obra de notable calidad y refinamiento pictórico, testimonio del Renacimiento veneciano maduro, pintada en el área veneciana hacia finales del siglo XVI.
La polifacética figura del Santo, ermitaño, penitente, cardenal y fino humanista, que tradujo al latín la Biblia, tuvo gran fortuna entre los siglos XV y XVI, como supremo ejemplo de la armonía entre el saber de la antigüedad clásica y la virtud cristiana. Por esta razón, era un tema apreciado por un público refinado y culto, a menudo ilustrado en obras de tamaño reducido destinadas a la devoción privada.
El anciano Santo está representado seminudo, según la iconografía típica que lo retrata vestido de ermitaño, mientras, arrodillado, se golpea el pecho con una piedra en señal de penitencia. Lo vemos con la mirada concentrada en contemplar el crucifijo y el libro abierto, ambos atributos iconográficos canónicos suyos, referencias a su prolífica actividad como estudioso bíblico y teólogo, que lo convirtieron en el precursor del humanista renacentista.
San Jerónimo está representado en un paisaje montañoso y salvaje, cerca de la gruta de Belén donde se retiró para seguir su vocación de ermitaño, al fondo del cual se abre la vista de una ciudad, emblema de la contraposición entre naturaleza y civilización.
Examinando sus características estilísticas, la composición es indudablemente deudora de los modelos creados por Jacopo Negretti, conocido como Palma el Joven (Venecia 1548-1628), quien abordó el tema en múltiples ocasiones con diversas modalidades ilustrativas.
De clara ascendencia veneciana es la luminosidad que envuelve la escena: la composición está recorrida por un intenso resplandor que irradia la figura del Santo, enfatizando su gama cromática bastante sobria, jugada en tonos terrosos.
La pintura, cuyas excelentes condiciones nos ofrecen una lectura óptima, denota una pincelada muy precisa y de calidad.
El examen a lámpara de Wood no muestra restauraciones de relevancia, sino algunos retoques dispersos sobre la superficie.
La obra va acompañada de un certificado de autenticidad fotográfico conforme a la ley.
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