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Gerolamo Induno (Milán 1825 – 1890), “Alegrías Maternas”, 1870

Codice: 437125
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Época: Segunda mitad del siglo XIX
Categoría: interna
Expositor
Phidias Antiques
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Gerolamo Induno (Milán 1825 – 1890), “Alegrías Maternas”, 1870  Traducido
Descripción:
Gerolamo Induno (Milán 1825 – 1890), “Alegrías Maternas”, 1870 Óleo sobre lienzo, 106 x 77 cm. Firmado “G. Induno” abajo a la derecha. El lienzo Alegrías Maternas representa una tierna escena de género, ambientada en un refinado entorno doméstico de mediados del siglo XVIII. En el centro de la composición destaca una suntuosa cuna con dosel, realizada en madera dorada y decoraciones rococó, donde descansa dulcemente un bebé. En la parte superior e inferior se distinguen dos angelitos esculpidos, símbolo de pureza y protección, que confieren a la escena una sutil dimensión espiritual. La madre del infante, la noble a la derecha, está sentada con compostura y, mientras tanto, se dedica al arte típicamente femenino del bordado, un gesto que pone de manifiesto su papel de guardiana del hogar. El cabello empolvado, el collar de terciopelo y el rico traje de seda atestiguan su elevada condición social, en consonancia con el refinado ambiente circundante. Inclinada sobre la cuna podemos vislumbrar a la nodriza, cuya indumentaria, más sobria y recatada, evoca una tradición campesina sencilla sin menoscabar la dignidad de la figura. Un delantal bordado le ciñe la cintura, el cuello está adornado con un "vezzo di granati"; en la nuca, horquillas de plata están dispuestas "a guisa de' raggi d'un'aureola". Sin duda, Induno debió inspirarse en la descripción de Lucía Mondella el día de su boda escrita por Manzoni. La nodriza se lleva el índice a los labios invitando al silencio, para no despertar al niño recién dormido. La habitación está amueblada con elegancia y esmero, en pleno gusto dieciochesco, como demuestra la presencia de una consola rococó, sobre la que reposa un reloj de péndulo. La alfombra persa, una pequeña potiche china y el biombo de papel de estilo japonés añaden un toque exótico y culto. La presencia de este último refleja el interés por el japonismo que, en la segunda mitad del siglo XIX, comienza a difundirse también en Italia, influyendo en el mobiliario y el gusto de las clases más acomodadas. La paleta es cálida y armoniosa: privilegia tonalidades claras y doradas, como la tapicería adamascada de las paredes; los espejos de pared reflejan una luz natural y tenue, que envuelve y modela delicadamente los volúmenes, suscitando en el observador una sensación de protección y calor familiar. Los tonos del oro y del marfil dialogan con los matices terrosos de la vestimenta de la nodriza y, al mismo tiempo, resaltan los colores vivos que luce la noble; el resultado es una composición armónica y equilibrada. La pincelada de Induno es uniforme y mesurada, típica de la pintura académica del siglo XIX; un estilo refinado, que embellece y suaviza las figuras y destaca sus detalles. En conclusión, la obra es un finísimo ejemplo de la maestría del artista, capaz de conjugar elegancia formal y sensibilidad narrativa. BIOGRAFÍA Gerolamo Induno nace en Milán en 1825, en el seno de una familia de humildes orígenes. Su hermano mayor Domenico, cuyo talento había sido descubierto por el orfebre Luigi Cossa, lo guía desde el principio en su trayectoria artística. También se inscribe en la Academia de Brera, donde se convierte en alumno de Luigi Sabatelli. Su empeño le garantiza notables reconocimientos académicos durante los dos últimos años del curso y, también en 1845, se presenta por primera vez en la Exposición anual de Brera con dos retratos y estudios del natural. Concluido su paso por la academia, continúa su aprendizaje con su hermano, ambos influenciados por el estilo pictórico de Hayez. El fuerte sentimiento patriótico de ambos les impulsa a participar en los motines de las Cinco Jornadas de Milán de 1848 y por ello son exiliados al Cantón Ticino. Trasladado a Florencia al año siguiente, se une a un grupo de patriotas voluntarios para defender la República Romana de los franceses; por desgracia, resulta gravemente herido durante una incursión que le obliga a guardar cama. Durante la convalecencia comienza a pintar los acontecimientos militares que había conocido en primera persona, creando una verdadera y propia crónica visual del Risorgimento como Garibaldini alla difesa di Roma, Garibaldi sul Gianicolo y el Ritratto di Anita Garibaldi, realizadas en 1849 y conservadas hoy en el Museo del Risorgimento de Milán. De vuelta a su ciudad natal, continúa trabajando en el taller de su hermano, participando en las Exposiciones braidensi y en 1851 en la Promotrice de Turín con Sentinella. Al año siguiente, Induno se acerca a la pintura de género, participando en Brera con el cuadro Il cantastorie; la breve pausa de las armas le ve partícipe de muchas exposiciones en suelo nacional. Su espíritu patriótico le lleva a alistarse en el ejército piamontés y a participar en la guerra de Crimea, durante la cual produce bocetos y dibujos del natural de la campaña; estos apuntes inspiran las obras sucesivas, entre ellas la gran tela Battaglia della Cernaia (1857), que el Rey Vittorio Emanuele II adquiere para el castillo de Racconigi. A las obras de carácter histórico añade la producción de escenas de género. En 1859 se alista en los Cacciatori delle Alpi, grupo liderado por Garibaldi; durante las expediciones retoma la costumbre ya consolidada de proporcionar una crónica gráfica de los hechos. En este período Induno pinta incansablemente un número considerable de obras de temática del Risorgimento con carácter conmemorativo como L'imbarco dei Mille a Quarto o L'addio alla mamma del garibaldino, ambos de 1860. Al año siguiente, el Rey le encarga la ejecución de la monumental y célebre tela La batalla de Magenta del 4 de junio de 1859. También en este período pinta una serie de telas de tema similar; los protagonistas son jóvenes que se ofrecen voluntarios para el frente. Los cuadros son particularmente apreciados por su capacidad de representar, a través del episodio íntimo de la despedida de sus seres queridos, la participación popular en el proceso de unificación de la nación. No faltan grandes encargos públicos, entre ellos, en 1865, unos témperas destinados a la sala de espera de la antigua estación central de Milán, que por desgracia se perdieron. El interés por la epopeya del Risorgimento va disminuyendo a finales de los años 70, cuando las guerras de independencia no son más que un lejano recuerdo; Induno atraviesa una última fase artística, impregnada de un redescubierto encanto por el siglo dieciocho. Las escenas de género se hacen compuestas y elegantes, la minuciosidad en los detalles una ostentación casi excesiva de su habilidad técnica. Durante los últimos años de su vida se retira a Milán, donde continúa pintando hasta su muerte en 1890. Olvidado durante mucho tiempo por la crítica, es redescubierto casi un siglo después de su desaparición por su contribución fundamental a la iconografía del Risorgimento.  Traducido