Ferraù Fenzoni
(Faenza 1562 – 1645)
Cabeza de Cristo coronada de espinas
Óleo sobre cobre ovalado, cm. 6,2 x 4,9
La cabeza de Cristo, ceñida por una amplia corona de espinas, está reclinada ligeramente hacia el hombro izquierdo mientras que la mirada dirigida al cielo corrige la falta de frontalidad apuntando hacia un preciso eje vertical. Los globos oculares parecen agrandarse en tal rotación que, en cambio, deja inalterado el resto del rostro. Abundantes mechones de cabello caen sobre los hombros formando enormes bucles que se mueven en espiral. Un registro curvilíneo también se aplica a la barba, dividida en dos particiones casi cilíndricas. También son sobredimensionadas las gotas de sangre, que descienden canalizándose en una secuencia purpúrea.
La pequeña pintura sobre cobre está indudablemente apoyada sobre uno de los famosos prototipos de Guido Reni, precisamente el realizado en torno a 1622-23, cuyas dos versiones autógrafas se encuentran una en Canadá, en la Art Gallery of Ontario y la otra en Londres, en la National Gallery, sin embargo creo que no puede ser catalogada entre las innumerables copias de alumnos o de seguidores del gran artista boloñés.
Se trata, de hecho, de una interpretación que, aun tomando inspiración de ese noble modelo, logra llevarlo hacia un destino diferente, que resulta autónomo, a pesar de haber permanecido hasta ahora en el anonimato.
El pintor que, en mi opinión, realizó este homenaje de la entonación gráfica, se encontraba en una edad más que madura, ya era un artista conocido y estimado desde hacía muchas décadas.
Me refiero al faentino Ferraù Fenzoni nacido incluso una docena de años antes de Reni y que al menos desde los años ochenta del siglo XVI había recibido prestigiosos encargos de trabajo para los muchos proyectos decorativos promovidos por el papa Sixto V.
La juvenil etapa romana, que lo insertó entre los protagonistas de la última Maniera, fue seguida por una larga estancia umbra, en Todi, donde a las órdenes del cardenal Cesi, pintó numerosos retablos, pintando al fresco también toda la contrafachada de la catedral, con un gigantesco Juicio universal.
La miniatura en cuestión conserva el eco de su formación, fundada en un dibujo robusto que refuerza los perímetros de las formas. El injerto con el icono de Guido Reni encuentra su propia armonía, al igual que un 'estándar' musical arreglado con otro estilo.
Confirma la propuesta atributiva también la redacción pictórica, caracterizada por claros desniveles de luz y sombras volumétricas que inflan partes del encarnado y transforman también la cabellera en un entrelazado de mimbre.
Se pueden captar varias coincidencias fisonómicas recorriendo el catálogo de las obras de Ferraù Fenzoni, pero entre todas se puede elegir para comparar la Subida al Calvario de la Galería Pallavicini de Roma, donde Cristo sigue el mismo esfuerzo de mirada presente en el ramal. (fig.2) Este inédito es un pequeño pero importante descubrimiento que nos muestra cuán comunicantes eran también figuras artísticas que la manualística clasifica como opuestas entre sí.
Bibliografía: inédito
Massimo Pulini