Erasmus Quellinus II (Amberes 1607 - 1672)
Vanitas (como Alegoría de la Vanidad de la vida o de la Juventud)
Óleo sobre lienzo (cm. 121 x 84 - Enmarcado cm. 135 x 98)
La obra va acompañada de un estudio crítico redactado por el prof. Emilio Negro, del que presentamos algunos extractos.
El tema de la pintura que proponemos es una "Vanitas" tan singular como rara, sujeto de una fuerte valencia moral que, en el ámbito pictórico, se refiere a una composición con elementos simbólicos alusivos al tema de la caducidad de la vida, y con la intención por lo tanto de invitar al espectador a meditar sobre la transitoriedad del destino humano y sobre la fragilidad de los placeres mundanos.
Estos temas, que tuvieron particular fortuna en el ámbito flamenco, son obras de gran encanto, interesantes de estudiar y a menudo difíciles de descifrar; protagonista de nuestro lienzo vemos a un querubín caprichoso, sentado sobre un sarcófago, una especie de antropomorfo "Carpe Diem" (aprovecha el momento fugaz) pictórico, que invita a meditar sobre la fugacidad de la vida y a disfrutar de los instantes de felicidad que esta concede; todo ello sin preocuparse de las alternas fortunas de la suerte, simbolizadas por el pie del querubín que pisa las monedas de oro, el tejido precioso, el cetro, la estola de armiño, el cráneo, el cuerno de caza y los libros.
A su lado se presenta una naturaleza muerta de flores multicolores, recogidas en un jarrón de cristal, cuya presencia asume un claro significado alegórico, ya que constituyen la metáfora de la caducidad de la belleza juvenil que, como las flores frescas, está destinada a marchitarse.
Particularmente digno de mención es el desnudo sepulcro de piedra sobre el que se sienta el querubín, en el que figura la sigla "D. M. S.", grabada en bellas letras capitales romanas que se desentrañan en la locución latina "Diis Manibus Sacrum", es decir, a los sagrados Dioses Manes, correspondiente a la invocación esculpida en las lápidas sepulcrales del último paganismo y del primer período paleocristiano, dirigida a los espíritus de los antepasados divinizados.
Otro detalle muy interesante es la hoja blanca que asoma de las páginas del voluminoso salterio cerrado (el texto bíblico que contiene la colección de los Salmos) en la que está trazada en bella caligrafía cursiva del siglo XVII la frase latina: "[Quia] Defecerunt sicut fumus dies/mei Psal J.97" (traducido: "[Porque] mis días se desvanecieron como humo" (Salterio, Salmo 1. 97), equivalente a otra exhortación a reflexionar sobre la breve duración de la existencia.
Con respecto al origen pictórico de la composición en cuestión, cabe destacar ante todo que es una réplica interesante, con algunas modificaciones, de una obra ejecutada a cuatro manos por Erasmus Quellinus el Joven (la figura del querubín) y Daniel Seghers (la naturaleza muerta).
De la misma composición se conoce también una versión titulada "Allegory of the passage of Youth", que pasó por Sotheby's en Ámsterdam como Cornelis Schut y Daniël Seghers (12.12.1991, Old master Paintings and Drawings, lote 218, Precio 16.630 €, luego vendida en Londres como Thomas Willeboirts Bosschaert (Sotheby's 16.12.1999, lote 59, Precio de adjudicación: 126.592 € /80.000 £).
Aquí el enlace de la pintura: https://research.rkd.nl/en/detail/https%3A%2F%2Fdata.rkd.nl%2Fimages%2F52665?c=q%3D%26filters%255B0%255D...
Y además la Vanitas atribuida a Thomas Willeboirts Bosschaert y pasada por Dorotheum en Viena (17/10/2007, y estimada: 18.000-24.000 €, enlace:
https://www.invaluable.com/auction-lot/thomas-willeboirts-bosschaert-bergen-op-zoom-1613-228-c-ms7xg...
En cuanto a la pintura en cuestión, podemos atribuir su realización a un capaz artista flamenco del "Grand Siècle", atento a la representación de los detalles y fiel a las enseñanzas aprendidas gracias al estudio de las composiciones realizadas por los mejores maestros del siglo XVII: en nuestro lienzo resaltan de hecho claros acentos post-caravaggistas y post-rubensianos, típicos de los alumnos de Wallerant Vaillant; peculiares estilismos que se aprecian en los eficaces contrastes de luz y en la pasta pictórica fluida y de colores equilibrados.
Estas razones permiten conectar esta Vanitas con el modus operandi del citado Erasmus Quellinus el Joven (Amberes, 1607-1678), uno de los colaboradores más cercanos de Rubens en los años 30 del siglo XVII, aquí auxiliado por la intervención de un válido colaborador formado dentro de su activo taller.
Descendiente de una renombrada familia de artistas (ya que su padre fue el pintor Erasmus Quellinus el Viejo), Erasamus Quellinus II operó predominantemente en Flandes, donde su actividad está testimoniada por las numerosas composiciones similares a la nuestra, atribuidas a él y conservadas en las colecciones públicas y privadas más importantes. Además, estuvo al frente de un taller próspero en el que se formaron numerosos alumnos, entre ellos sus hijos y nietos. Cierto es que en el lienzo en cuestión, destinado creíblemente a adornar las paredes de una residencia nobiliaria de un coleccionista, literato o humanista, aflora una pintura minuciosa, sobre todo en la búsqueda insistente de los detalles, con tonos cálidos, que son cualidades específicas de las mejores obras ejecutadas por Erasmo.
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