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Escuela genovesa, siglo XVII, Virgen con el Niño, San Juanito y jilguero

Codice: 430000
4.800
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Época: Siglo XVII
Categoría: Retrato
Expositor
Ars Antiqua SRL
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Escuela genovesa, siglo XVII, Virgen con el Niño, San Juanito y jilguero  Traducido
Descripción:
Escuela genovesa, siglo XVII Virgen con el Niño, San Juanito y jilguero Óleo sobre lienzo, 97,5 x 73 cm   La escuela genovesa del siglo XVII fue capaz de concretar de manera excelente los sentimientos y el intimismo de la religión. Defensores de un academicismo innovador, libre de cualquier clasicismo pero dispuesto, a pesar de los dictados de la Contrarreforma, a interiorizar mediante colores el misticismo más recóndito, los genoveses hicieron escuela gracias a la apertura histórica del puerto ciudadano hacia el mercado internacional. Cesado el dominio francés sobre la ciudad en tiempos de Andrea Doria, el nuevo giro filoespañol permitió a Génova situarse entre los principales polos artísticos europeos. Después de los manierismos de los pintores extranjeros acogidos por Doria, denunciados por los pinceles de Domenico Beccafumi y del Pordenone, los nuevos figurativismos flamencos acompañaron la pintura genovesa con vivaz prepotencia, entregándola al abrazo del barroco. No en vano, campeón a caballo del siglo XVII fue precisamente el ecléctico Bernardo Strozzi, que había estado en el taller del sienés Sorri. En el presente cuadro, la Virgen, sosteniendo al Niño y en compañía del Bautista niño, se encuentra dentro de un óvalo, saliendo ilusoriamente del mismo mediante un suave pliegue del manto. El grupo retratado se hace en llamas simbólicamente y concretamente: el ardor del amor divino transparece de los cuerpos torneados y de las articulaciones rojizas de los retratados, de los ojos alargados al igual que los mechones de pelo que tiemblan al aire y del color del trigo. También la luz se desliza sobre las sedosas vestiduras de la Virgen, reflejando una luz deslumbrante. Delicado como un cabello, el cordón que sujeta al Niño retiene el feliz aleteo de las alas del jilguero, símbolo de la futura Pasión de Cristo: la tradición medieval dictaba que un jilguero, en el intento de extraer las espinas de la corona de cardo de Jesús, se había manchado con su sangre. También el dulce corderito ceñido por una corona de flores, intentando tiernamente masticar una, es vivo símbolo cristiano de sacrificio y Resurrección. El cuadro enuclea los principales rasgos característicos de la triunfante escuela genovesa. Si por un lado es posible entender un luminismo a la Valerio Castello (1642-1659), por otro el formalismo típico de Giovanni Battista Paggi se atempera en la contención de las emociones, manifestadas con vergonzosa modestia por los presentes. Es posible compararlo, a excepción de los fondos construidos de Paggi, con los pequeños rostros de los niños, como ocurre en el Cupido de Rinaldo y Armida y en Jesús y en los angelitos del Desposorio místico de Santa Catalina o en la Virgen con el Niño, San Juanito y Santo Stefano que recibe la palma del martirio, todas en colección privada. Recogerá esta tradición Bartolomeo Guidobono (1654-1709), atemperando luminísticamente la resa de sus telas, acariciadas por una oscuridad parecida a la presente, que delicadamente hace resaltar los encarnados de los personajes: así ocurre en la Maga en colección privada.  Traducido