Beppe Ciardi (Venecia 1875 – Quinto di Treviso 1932), “El mar”, I cuarto del siglo XX.
Óleo sobre lienzo, 140 x 190 cm
Firmado “Beppe Ciardi” abajo a la izquierda.
“El mar” es una amplia pintura de Beppe Ciardi, que representa un paisaje marítimo.
En esta obra podemos identificar un rasgo peculiar del estilo del pintor: pinceladas pastosas, con sabor impresionista, caracterizadas por una materia pictórica que en este caso se hace más corpulenta donde se representa el agua. Los colores vívidos aparecen mezclados directamente sobre el lienzo mismo. En primer plano, sobre una playa de guijarros, las esposas e hijos de los pescadores se apresuran a saludar a los hombres que parten hacia el mar, algunos con un gesto de las manos, otros agitando en el aire un pañuelo.
Justo en la barca, con sus velas rojas remendadas aquí y allá, seis figuras indistinguibles reman,
rizando las olas agitadas y centelleantes, representadas en su movimiento por Ciardi con matices de celestes, cerúleos y grises a los que añade pequeños toques de colores más cálidos. La espuma del mar se acentúa con regueros de un blanco purísimo; en el fondo, la calma chicha refleja, como un espejo, el brillo de un día invernal templado, casi como si el cielo fuera el verdadero protagonista del cuadro.
es el alba: sobre las nubes reverbera la luz rosada del sol que sale.
Un individuo a la izquierda observa la escena en privado, mientras que, en el fondo, las embarcaciones a lo lejos están pintadas por el artista de manera esencial; los mástiles de los barcos se hacen incorpóreos y de la estructura permanecen visibles solo el casco y las velas.
Este tema es retomado múltiples veces por el artista con varios títulos, entre ellos La partida y Los pescadores: Ciardi desenrolla y vuelve a enrollar el momento del adiós como la película de un filme; el mismo recuerdo lejano se repite sobre el lienzo hasta el infinito. El concepto de la partida se manifiesta casi como una obsesión en el pintor, así como la esfera de los afectos humanos: lo demuestra la presencia frecuente de figuras en sus paisajes, no constatada en cambio en las pinturas del padre.
La obra El mar está presente en el Catálogo General de las obras de Beppe Ciardi a cargo de Antonio Parronchi en la página 241 tabla n. 807.
BIOGRAFÍA
Beppe Ciardi, en el registro civil Giuseppe, nace en Venecia en 1875. Hijo de arte, el padre es el paisajista Guglielmo Ciardi, conocido principalmente por sus vistas de la laguna veneciana. La hermana menor, Emma Ciardi, también se convierte en una pintora afirmada y apreciada a nivel internacional.
Gracias al padre tiene su primer contacto con la pintura, como demuestra una composición de tres paisajes alpinos datada entre 1888 y 1892, hoy conservada en una fundación privada de Treviso. A pesar de la evidente actitud y precoz talento del hijo, Guglielmo no aprueba para él un futuro de artista, prefiriendo en cambio una carrera científica; Beppe se ve obligado a inscribirse en la facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Padua, frecuentándola durante tres años. Precedido por la notoriedad de Guglielmo, que entretanto había sido nombrado profesor de Paisaje en el Regio Instituto de Bellas Artes de Venecia, Beppe debuta en la II edición de la Trienal de Milán con algunos estudios al natural.
Mientras tanto descuida los estudios universitarios para dedicar cada vez más tiempo a la pintura: en 1896 deja la universidad para entrar en la institución donde enseña el padre, eligiendo sin embargo no seguir su curso; se inscribe en cambio en dibujo de Figura, cuya cátedra en ese periodo está encomendada al pintor Ettore Tito. El mismo año se presenta a la muestra internacional del Arte y de las Flores de Florencia con dos naturalezas muertas, Día de lluvia e Interior de cocina (hoy por desgracia perdida): una elección singular, signo de un artista aún jovencísimo, dedicado a una experimentación artística que comprende tanto los géneros como las técnicas pictóricas.
En 1897 Beppe Ciardi conoce a una joven de extracción popular, que para sostener económicamente a la familia desempeña el oficio de ensartadora de perlas: Emilia Rizzotti.
Inútiles las resistencias paternas de Guglielmo que, para disuadir al hijo del matrimonio, lo envía primero a una localidad de las Dolomitas y después a Roma para estudiar sus paisajes.
En la III Bienal de Venecia de 1899, en la que participan tanto el padre como el hijo, Beppe debuta a nivel nacional con el tríptico Tierra en flor y Monte Rosa, pintura de discretas dimensiones.
Terminados los estudios en la Academia, Beppe comienza a dedicarse al retrato, tanto familiar como por encargo, y a las escenas de género al aire libre. Continúa estando presente el paisaje, pero de manera más mitigada: éste hace de fondo a tiernos instantes de la infancia, cuyos protagonistas son niñas absortas en sus juegos (como en Flores de prado, 1900 aproximadamente) o jóvenes pilluelos (El baño o Chicos en el río, 1899). Los estudios al natural de la campiña romana y de la vida agreste de los pueblerinos serán después utilizados por el artista para el tríptico La parábola de las corderillas, presentado en la Trienal de Milán de 1900 y por el que el pintor es premiado.
En 1902 en la revista “Natura y Arte” aparece el primer artículo totalmente dedicado al artista, completo con una entrevista en la que emerge la incertidumbre de un pintor aún en ciernes y un marcado interés por la figura, no presente en el repertorio artístico de Guglielmo y probablemente un modo para distinguirse y emanciparse de la ya imponente sombra de la figura paterna.
Sin embargo, Beppe no abandona el paisaje, es más: lo expresa en su versión analítica, sintetizándolo con una paleta terrosa, hecha de marrones y verdes oliva, como es evidente en las obras ejecutadas en Canove, en el Altiplano de Asiago, donde los Ciardi pasan la primavera.
También en este periodo Beppe afronta un paréntesis simbolista, en el que es evidente una referencia a la pintura alemana, especialmente del pintor Arnold Bocklin, como en Jardín a la luz de la luna (1900); sin embargo, la crítica contemporánea no acoge de buen grado sus obras, de sabor más nórdico, tanto que tres de sus cuadros son rechazados por la comisión de la V Bienal de Venecia de 1903.
Artista de carácter apacible pero esquivo e introvertido, a la vida mundana de sus colegas prefiere una existencia tranquila, dedicada continuamente a la pintura (como hará también su hermana Emma) y al estudio al plein air de los paisajes montuosos y lagunares. Entre los instrumentos de los que hace uso Beppe, como otros contemporáneos suyos, está la fotografía, que sin embargo utiliza con el fin de estudiar el cuadro, no la realidad, a diferencia de su hermana Emma.
Entre 1905 y 1907 el artista retoma desde los inicios la ambientación primaveral, dedicándose a una serie de lienzos donde el tema predominante es, una vez más, la infancia; figuran a menudo niños risueños, flores y almendros, como en Mariposas o Sonrisas, expuesta en la VII Edición de la Bienal de Venecia. La opinión de la crítica contemporánea oscila entre poca consideración y sinceros reconocimientos, como lo que escribe de Beppe en 1911 Ugo Ojetti para el “Corriere della Sera”, definiéndolo «[...] un maestro de ruda sinceridad, uno de los poquísimos pintores jóvenes que trabajan [...] por amor al trabajo y por sí mismos. [...]».
Artista de personalidad esquiva e introvertida, en sus obras es evidente una continua reflexión conceptual sobre las emociones humanas y sobre los lazos que éstas entrelazan entre ellas, como se deduce de la presencia de numerosas versiones de lienzos referentes a los temas de la maternidad, de la partida, pero también de la primavera como símbolo de juventud y renacimiento.
Con la entrada en guerra de Italia en 1915 los Ciardi se retiran a la residencia de Quinto di Treviso; al año siguiente Guglielmo, Beppe y Emma exponen en la muestra a ellos dedicada en la Galería Centrale d’Arte de Milán, donde nuestro pintor cosecha grandes éxitos.
En 1917 Guglielmo Ciardi fallece a la edad de setenta y seis años. Las familias se ven obligadas a dejar su casa, que ha sido confiscada por el estado para hacer de ella un hospital de campaña para los soldados; Beppe se refugia con la esposa y la hija en Lugo, en la provincia de Ravenna. Durante este periodo no representa los escenarios y las impresiones de la guerra, como en cambio hará su hermana. Poco antes del final del conflicto es llamado a las armas, para después ser exonerado por cuestiones patrimoniales; en 1918 enferma de Gripe Española pero se recupera y, establecido en Venecia, vuelve a pintar.
Durante los años Veinte alcanza la madurez artística: su pincelada es ágil y fragmentada, la ejecución se carga de materia pictórica; permanece como una constante, en cambio, el cielo como «[...] tema mismo del cuadro. [...]» (U. Ojetti).
En 1920 crea una muestra retrospectiva sobre Guglielmo Ciardi en la Bienal y en los años sucesivos dona una preciosa colección de obras del padre a la Galería de Arte Moderna de Venecia.
Regresa en repetidas ocasiones al altiplano de Asiago, que lleva las señales de los enfrentamientos bélicos pero del que Beppe quiere, una vez más, representar el dato naturalístico, recuperando a menudo el tema, muy querido, de los animales al pasto como en La paz en el Altiplano (1922).
En 1924 el artista es nombrado miembro del Consejo directivo de la Bienal, para después inaugurar una pequeña personal en la Galería Corona de Nápoles; siempre en ese año pinta su más célebre Autorretrato, hoy conservado en los Uffizi: representado con las vestimentas de pintor, con paleta y caballete, la figura de Beppe se sumerge en ese paisaje agreste que durante décadas ha caracterizado su obra.
Durante los últimos años de su vida, el estilo del artista se hace inmediato y sintético, los paisajes representan una naturaleza incontaminada y áspera, acre (Atardecer sobre el Sile, 1928); la pincelada, al contrario, se vuelve densa y estratificada, dividida en filamentos de colores, en una interpretación toda personal del divisionismo.
Pinta sin tregua, como si supiera que le quedaba poco tiempo por vivir: es un artista ya afirmado, que organiza personales a nivel nacional, en galerías de todo el territorio.
En 1932 participa en su última Bienal con tres obras de grandes dimensiones, que representan una vista sobre el río Piave, un paisaje marino y una escena de vida rural; fallece el mismo año.
A su muerte su amada esposa Emilia crea una colección en su villa de Quinto Treviso; en 1936 el historiador del arte G. Nicodemi crea la primera gran muestra póstuma sobre el artista en el Castillo Sforzesco de Milán, para después escribir en 1942 Beppe Ciardi, la más rica monografía de su tiempo, acompañada de tablas a color.
Sus lienzos se conservan hoy en los más importantes museos nacionales e internacionales y son muy ambicionados por los coleccionistas privados.