PELAGIO PALAGI
(Bolonia, 1775 – Turín, 1860)
Hércules lucha contra Tánatos para liberar a Alcestis del Hades
Óleo sobre lienzo, 161 x 227 cm
La recuperación de este importante cuadro representa, por su extraordinaria calidad y la singular rareza del tema, no solo una excepcional contribución al conocimiento de la producción pictórica de Pelagio Palagi, sino también a la definición del panorama figurativo del Neoclasicismo italiano que se enriquece con una obra tan singular. Artista de profunda y refinada cultura, como demuestra la rica biblioteca que legó al Archiginnasio de Bolonia, donde aún se conserva, en su brillante carrera entre Roma, Milán y Turín supo afrontar el compromiso de la pintura de historia, tratando un rico repertorio que abarcó desde la mitología hasta la historia antigua y la moderna, convirtiéndose así en uno de los testimonios del paso de la sensibilidad neoclásica a la romántica (para la reconstrucción de su actividad pictórica se remite a Pelagio Palagi pittore. Dipinti dalle raccolte del Comune di Bologna, catálogo de la muestra - Bologna Museo Civico Archeologico - a cura di C. Poppi, Milano, Electa, 1996).
Aunque el cuadro nunca ha sido citado por las fuentes conocidas hasta ahora, su estilo tan caracterizado remite a la mano de Palagi y, en cualquier caso, existe un preciso término de referencia en una versión de menores dimensiones, un boceto o un modelillo, que presenta algunas variantes no sustanciales con respecto al nuestro en lo que respecta a las escenas, con figuras de pequeñas dimensiones, representadas en el fondo. Mientras que la diferencia más significativa la encontramos en la representación de la figura de Tánatos, la diosa de la Muerte, contra la que lucha el héroe. En el boceto, ella aparece transparente, como si el artista hubiera querido plasmar su inmaterialidad, mientras que en esta redacción final su cuerpo tiene la misma consistencia que la realidad, aunque está caracterizado por un encarnado lívido, eficazmente contrapuesto a la figura atlética de Hércules. También en cuanto a la pose resulta más segura y articulada, gracias a un dinamismo de la anatomía y a una gestualidad mucho más incisiva y mejor definida.
La historia de Alcestis, esposa del argonauta Admeto, rey de Feras, ha tenido una gran resonancia por haber sido tratada precisamente en la Alcestis, la más antigua tragedia de Eurípides, pero también está presente en otras fuentes clásicas, desde Apolodoro mitógrafo, hasta Diodoro Sículo, las Fábulas de Higino y Pausanias, para luego ser retomada en la edad moderna, en la dramaturgia como en la célebre Alcestis de Alfieri, compuesta en 1798, y sobre todo en el melodrama, a partir de la bellísima Alcestis de Gluck, cuya primera representación tuvo lugar en el Hofburg de Viena en 1767. Pero también hay que recordar las menos conocidas obras de Giovanni Battista Lampugnani, representada en Londres en 1774 y de Antonio Marcos Portugal en Venecia en 1799. Mientras que en lo que respecta a la pintura, el momento más representado resulta ser el de la Muerte de Alcestis, como en el célebre cuadro de Jean François Peron de 1785 conservado en el Louvre.
Por lo tanto, un mito que había ejercido entonces una gran atracción, sobre todo por su resolución final, la de Alcestis devuelta a la vida gracias a la intervención de Hércules. Apolo, condenado por Zeus a servir durante un año entero a un hombre, lo había pasado con Admeto como vigilante de sus rebaños.
Como el rey se había comportado con mucha rectitud hacia él, el dios le ayudó a conquistar a Alcestis. Sin embargo, el día de la boda Admeto olvidó sacrificar a Artemisa, por lo que la diosa, como aviso de su próxima muerte, le hizo encontrar serpientes en la cama. Cuando estaba a punto de llegar la última hora, Apolo obtuvo de las diosas del destino, las Moiras, que su protegido pudiera seguir viviendo si alguien se sacrificaba por él y aceptaba morir en su lugar. Pero nadie se mostró dispuesto, ni siquiera los viejos padres de Admeto, por lo que fue Alcestis quien decidió morir en lugar de su esposo, dando un sublime ejemplo de devoción conyugal. En este punto intervino Hércules, que se encontraba de huésped en el palacio de Admeto. Fue él quien, tras entablar una feroz lucha contra Tánatos, la diosa de la Muerte, logró traerla de vuelta del mundo de los muertos y devolverla a Admeto.
Palagi, en lugar de representar el momento más sencillo de la muerte de Alcestis, como había hecho Peyron, ha elegido visualizar la lucha entre Hércules y Tánatos, no vista como algo abstracto sino como una divinidad terrible de cuerpo lívido y demacrado, de mirada infernal, cuya obscena desnudez apenas está cubierta por la piel de un animal feroz. Tanto en lo que respecta a la figura de Hércules, aislada en una pose de extraordinaria fuerza plástica, como a la de Tánatos, caracterizada por un movimiento que encierra una tremenda tensión, la posible referencia es a un tema muy tratado por el artista, también inspirado en la tragedia griega, el de Orestes perseguido por las Furias, tras haber matado a su padre Agamenón. Lo encontramos en bellísimos dibujos, el más acabado de los cuales ha sido grabado por Francesco Rosaspina (la estampa apareció en la venta de la librería Gonelli en Florencia el 11/10/2017, mientras que para los dibujos se remite a L'Ombra di Core. Disegni del fondo Palagi della Biblioteca dell'Archiginnasio, catalogo della mostra - Bologna, Galleria Comunale d'Arte
Moderna - a cura di C. Poppi, Bologna, Grafis Edizioni, 1989, pp. 76-77, 122-125).
Otra posible comparación, en lo que respecta a la figura de Hércules, son los cuerpos en tensión de los atletas representados en el fresco, hoy perdido pero conocido a través de dibujos preparatorios y antiguas fotografías, relativo a La Lucha, realizado entre 1821 y 1822 para la Sala de la Linterna en el Palacio Real de Milán. A una fecha similar se puede referir también nuestro cuadro que, por la complejidad de su composición y la calidad de la ejecución, remite al Palagi más maduro. El motivo del choque, que es emblema del continuo entre la vida y la muerte, entre Hércules y Tánatos, constituye el centro de una representación más compleja, tanto en la representación de las arquitecturas antiguas en el fondo que se alzan contra el bellísimo cielo, como de las escenas de dolor en segundo plano, con a la izquierda la figura de Alcestis que está a punto de morir, que tienen un poco la misma función del coro en la tragedia antigua.