Escuela Emiliana, siglo XVII
San Antonio de Padua con el Niño Jesús
Óleo sobre lienzo, 72,5 x 63,5 cm
Marco 90,5 x 82 cm
La pintura examinada representa a San Antonio de Padua en actitud devota mientras contempla al Niño Jesús que ha aparecido milagrosamente sobre un libro abierto. El santo está representado de medio cuerpo, con el tradicional hábito franciscano marrón ceñido por el cordón con nudos, que termina en una pequeña calavera, símbolo de pertenencia a la orden de los Frailes Menores.
Con las manos cruzadas sobre el pecho, gesto de devoción y asombro místico, el santo sostiene una rama de lirio blanco, atributo iconográfico de la pureza y emblema de castidad y santidad. El Niño, desnudo y envuelto en un ligero paño, aparece en posición de bendición y luminoso, emergiendo entre las nubes en una atmósfera sobrenatural que subraya un momento de intimidad espiritual entre el santo y Cristo.
La escena se desarrolla en un ambiente recogido: el libro abierto, apoyado sobre una mesa cubierta por un paño rojo, remite a la dimensión de estudio y predicación del santo. La iluminación tenue y la construcción compositiva sencilla pero eficaz son típicas de la pintura devocional emiliana del siglo XVII, orientada a favorecer la meditación y la inmediata legibilidad espiritual.
La iconografía de San Antonio con el Niño Jesús deriva de un episodio de la tradición hagiográfica según el cual el santo, durante una visión mística, recibió la visita del Cristo Niño. La presencia del libro abierto es una clara referencia a la profunda cultura teológica del Santo, gran predicador y doctor de la Iglesia desde 1946.
Antonio de Padua (1195-1231), nacido en Lisboa con el nombre de Fernando Martins de Bulhões, fue uno de los más célebres predicadores franciscanos de la Edad Media. Tras ingresar en la orden de los Frailes Menores, se hizo conocido por su extraordinaria elocuencia teológica y por la difusión de la devoción cristiana entre el pueblo.
Murió en Padua en 1231 y fue canonizado apenas un año después por el papa Gregorio IX, signo de la extraordinaria veneración popular. Es uno de los santos más honrados de la tradición católica y su iconografía es una de las más reconocibles en el arte sacro europeo.
La suave modulación claroscuro, el naturalismo en los rostros, la atmósfera recogida y devocional y la composición equilibrada y narrativa remiten a la tradición emiliana del siglo XVII. Este tipo de producción solía estar destinada a la devoción privada, con un lenguaje pictórico accesible y espiritualmente cautivador, que introducía al fiel a la oración y a la meditación.
Estado de conservación: Bueno. Retelado, presencia de retoques y repintados, pequeñas pérdidas de color.
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