Vittorio Matteo Corcos (Livorno 1859 – 1933), “Retrato de Vivien Chartres con su violín”, 1907.
Óleo sobre lienzo, 170,4 x 90 cm.
Firmado y fechado "Alla Carissima Vivien V. Corcos Firenze 1907".
La joven de este delicioso retrato es Vivien Chartres, violinista y niña prodigio, pintada a la edad de trece años.
Vivien nació en Turín en 1893 en una familia muy acomodada: su padre era John Smith Chartres (1862 -1927), abogado y periodista angloirlandés, activista del partido político Sinn Féin por la independencia de Irlanda de la Corona Inglesa, y cercano al revolucionario Michael Collins; la madre, la prolífica escritora de origen italo-alemán Anna Emilia “Annie” Vivanti (1866-1942), era hija de un rico comerciante de seda y de la escritora Anna Lindau, hermana del dramaturgo y novelista Paul Lindau y del diplomático Rudolph Lindau.
En estos acaudalados orígenes, la pequeña Vivien crece llena de estímulos intelectuales, alimentados por la emprendedora madre Annie, que la impulsa hacia una carrera musical. La niña demuestra un precocísimo y excepcional talento para el violín, tanto que se traslada con solo diez años a Praga para continuar sus estudios, bajo la guía del más prestigioso profesor de violín de la época, el checo Otakar Ševcík.
En 1904 debuta en el Queen’s Hall, una de las salas de conciertos más famosas de Londres, en el mismo período en que se exhiben otros pequeños violinistas, entre ellos el coetáneo Misha Elman (1891-1967) y la ya conocida Marie Hall (1884-1956).
La fama de la niña alcanza incluso las cortes reales y en poco tiempo da conciertos privados para la reina Margarita de Saboya y para el rey Eduardo VII de Inglaterra.
Es en la cúspide de la carrera de Vivien cuando Corcos pinta esta obra: la muchacha lleva un vestido típico de la moda infantil de la Belle Époque, ancho en la cintura y de línea fluida, con cuello de encaje y mangas abullonadas; modelos similares se encuentran también en las fotografías que la retratan.
A pesar de la pose firme y formal, fruto del rigor impartido por la enseñanza musical, su mirada expresa una madurez interior que no cede a la auto complacencia sino que aparece a ratos tímida y humilde. La sonrisa apenas esbozada refleja una candidez y una gracia típicamente adolescentes. Entre las manos sostiene el arco y el violín: no simples accesorios sino instrumentos de valor emblemático, centro de la existencia y de la identidad de la niña prodigio.
Desde el punto de vista estilístico, la obra se inscribe en la fase madura del artista, caracterizada por el equilibrio compositivo y una sutil indagación emotiva y psicológica. La figura es idealizada sin perder veracidad fisiognómica y se coloca en un espacio sobrio que no permite distracciones ni elementos narrativos superfluos.
En Corcos la pintura al óleo está extendida de manera uniforme y lúcida, dando a la superficie un efecto casi esmaltado; la luz difusa modela los volúmenes con dulzura, sin contrastes acentuados, que contribuyen a crear una atmósfera íntima y suspendida en el tiempo. El tratamiento de la materia está tratado con igual delicadeza y atención a lo verdadero: el cabello ligeramente ondulado y fino cae ligero sobre los hombros, la seda del vestido se arruga en los pliegues y los mocasines de piel brillante reverberan la luz.
La paleta está dominada por tonos fríos y luminosos: el vestido y el lazo verde agua, una tonalidad muy apreciada por el pintor y frecuentemente utilizada en sus obras más famosas, se destacan aún más gracias al uso de un fondo neutro y sofisticado.
El pintor logra aquí conjugar elegancia formal y profundidad psicológica, restituyendo la imagen de una jovencísima artista en el momento decisivo del crecimiento, suspendida entre la infancia y la edad adulta.
BIOGRAFÍA
Vittorio Matteo Corcos nace en Livorno el 4 de octubre de 1859 en una familia judía de la clase media.
El padre Isach era un comerciante mientras que la madre, Giuditta Baquis, provenía de un ambiente culto; Vittorio demuestra desde el principio una fuerte aptitud para el dibujo a la que los padres dan continuidad, permitiendo al joven seguir las lecciones de Giuseppe Baldini en la ciudad natal. En 1875 se inscribe en la Academia de Bellas Artes de Florencia para continuar sus estudios, ganando también una medalla de plata por los méritos.
Para completar su formación, Corcos siente la necesidad de seguir la lección de Domenico Morelli; así, gracias a una beca del Ayuntamiento de Livorno, se traslada a Nápoles, donde es admitido en la Academia de Bellas Artes. A este período se remonta la obra Árabe en oración (1880), adquirida por el rey Humberto I en la Promotora Salvator Rosa y ahora en la colección del Museo de Capodimonte.
Después de la graduación, en el otoño de 1880 se traslada a París, donde al principio se las arregla pintando abanicos y partituras musicales para la editorial Heugel. El fortuito encuentro con Giuseppe de Nittis le permite entrar en contacto con la Maison Goupil, donde conoce a Degas, Manet, Zola y al escritor que más aprecia, Daudet.
En la ciudad francesa estudia con Léon Bonnat, aprendiendo el rigor formal y un alto nivel de rendimiento psicológico en el retrato.
En 1881 firma un contrato de quince años con el comerciante Adolphe Goupil que decreta su éxito internacional.
Cinco años después regresa a Italia y se establece en Florencia, donde conoce a Emma Ciabatti, viuda Rotigliano, mujer culta y refinada con una vivaz actividad literaria.
Los dos se casan formando una pareja unida tanto en la vida privada como en el mundo cultural: Emma introduce a Corcos en los salones literarios florentinos logrando consolidar sus contactos con el ambiente intelectual de la época; en los años los dos cónyuges acogen en su casa a artistas y escritores como Carducci, Pascoli y D’Annunzio.
De su matrimonio nacen tres hijos.
Entre sus obras más conocidas recordamos Sueños (1896), hoy en la Galería Nacional de Arte Moderno de Roma: un retrato femenino que expresa introspección y modernidad, elementos recurrentes en la obra del artista.
La modelo es Elena Vecchi, hija del escritor y oficial de marina Augusto Vecchi, conocido con el seudónimo de Jack La Bolina. Criada en un ambiente culto y progresista, Elena representaba para Corcos un ideal de feminidad moderna e independiente. Su intenso vínculo tanto artístico como personal se traduce en una obra que se ha convertido en símbolo de la nueva mujer de la Belle Époque: emancipada, pensativa, consciente de sí misma.
El célebre Ugo Ojetti comentó así su poética: «Corcos no pinta mujeres, sino la idea que la mujer tiene de sí misma. No retrata, interpreta.»
Murió en Florencia el 8 de noviembre de 1933 y su esposa Emma lo sigue pocos días después, el 24 de noviembre del mismo año.
A pesar de que la mayoría de sus obras se conservan en colecciones privadas, es posible observar algunas de sus pinturas en los Uffizi, la GAM de Florencia, la Galería Nacional de Arte Moderno de Roma y en el Museo Cívico de Livorno. La pintura de Corcos, tan refinada, etérea y sensual, es hoy una de las más ambicionadas entre los coleccionistas.
Textos a cargo de Anna Vocale
Bibliografía:
Corcos. Los sueños de la Belle Epoque, catálogo de la exposición de Padua (2014), a cargo de I. Taddei, F. mazzocca, C Sisi, Fondazione bano, Padua, 2014.
Vittorio Corcos. La aventura de la mirada, catálogo de la exposición de Turín (2019-2020), a cargo de Carlo Sisi, Silvana Editoriale, Turín, 2019.
Anne Urbancic, Staging Motherhood: Considering Annie Vivanti's Fact and Fiction in Italian Women Writers, 1800–2000: Boundaries, Borders, and Transgression, a cargo de Patrizia Sambuco, Rowman & Littlefield, 2014, pg. 81-91.
Emily E. Hogstad, The Devourer and the Devoured: The Intertwined Lives of Annie Vivanti and Vivien Chartres in Song of the Lark.