Escuela napolitana, siglo XVII
Alegoría de África
Óleo sobre lienzo, 120 x 90 cm
Con marco, 144 x 110 cm
En el transcurso del siglo XVI se había desarrollado la tendencia a dividir el mundo en cuatro continentes: África, América, Asia, Europa. Cada uno de los continentes representaba uno de los cuadrantes del mundo y correspondía a un punto cardinal: Europa el norte, Asia el este, África el sur y América el oeste.
Esta división de los continentes se adaptaba bien a la rigurosa mentalidad renacentista de la época, que había dividido el mundo en las cuatro estaciones, los cuatro elementos, los cuatro puntos cardinales, las cuatro virtudes clásicas, y así sucesivamente. Desde el siglo XVI hasta el XVIII las personificaciones de los cuatro continentes fueron un tema artístico que gozó de amplia popularidad, desde la pintura a la escultura, desde los grabados y las incisiones hasta los servicios de porcelana. Estas personificaciones podían encontrarse en monumentos de cuatro lados (como la fuente de los Cuatro Continentes en Trieste y el monumento a Cervantes de Madrid) o delante de una sola fachada. Los continentes personificados tenían muy a menudo atributos femeninos y su aspecto se basaba en una iconografía que representaba cada continente: Europa estaba vestida elegantemente y con vestidos reales, Asia estaba vestida con vestidos exóticos, África y América estaban semivestidas y se caracterizaban por varios atributos exóticos.
Referencia clave para los artistas en la elaboración de esta tipología de imágenes era el texto de Cesare Ripa, Iconología de 1603. Aquí África se describe como una mujer que lleva un tocado en forma de cabeza de elefante y está acompañada de algunos animales, como el león, el escorpión del desierto y los áspides. Sostiene en la mano una cornucopia, la cual simboliza la fertilidad y la abundancia de algunas zonas del continente. Otras representaciones de época renacentista y barroca representan África semidesnuda o desnuda, simbolizando la percepción europea de la época de África como una tierra no civilizada y salvaje. Algunas iconografías de la obra de Cesare Ripa representan África con la piel clara, pero posteriormente se difundió la representación con la piel oscura, ya que identificaba mejor el continente respecto a los otros cuatro.
La alegoría de África aquí propuesta, según el modelo de Francesco Solimena, mezcla las citadas tradiciones iconográficas: la figura femenina en el centro está, de hecho, apenas cubierta por un drapeado blanco, sostenido por dos putti de los cuales uno tiene el rostro cubierto por el velo mismo. La flanquean un tercer putto, que sostiene la consueta cornucopia y un animal exótico, un león. El elefante no es invocado por el tocado como para Cesare Ripa, sino que está presente en el fondo.