Apertura ricerca...

La Sibilla Cumana indica a Enea el camino a los Infiernos

Codice: 292721
Aggiungi ai preferiti
Autor: CARLO FRANCESCO NUVOLONE
Época: Siglo XVII
Categoría: mitológico
Expositor
Studiolo di Stefano e Guido Cribiori
Ver todos los artículos del vendedor
Corso di Porta Nuova, 46, Milano (MI (Milano)), Italia
+39 026570348
http://www.studiolo.it
La Sibilla Cumana indica a Enea el camino a los Infiernos  Traducido
Descripción:
CARLO FRANCESCO NUVOLONE (Milán, 1609 – Milán, 1662) La Sibilla Cumana indica a Enea el camino a los Infiernos Óleo sobre tabla, cm 44,5x59 Bibliografía: Carlo Francesco e Giuseppe Nuvolone. Tracce di beltà lombarda, a cura di F.Ceretti, Paulo Maiora Cadamus vol 1, Studiolo, Milán 2023, fig. 4, pp. 12, 37, 38, 51 Enea en los Infiernos (En. VI , 637-693) Enea llega a Cumas donde la Sibila, inspirada por Apolo, le profetiza el futuro. El héroe, queriendo encontrarse con su padre, pide a la sacerdotisa entrar en el reino de los Muertos. Ella le comunica que primero debe buscar, en el bosque cercano, una rama de oro (para ofrecer a Proserpina); debe además dar sepultura al cadáver del fiel trompetero Miseno. Enea cumple también sacrificios a los dioses Inferiores y entonces entra con la Sibila en la gruta que conduce al Hades. En el Vestíbulo encuentran monstruos de todo género; cerca del Aqueronte consuela a Palinuro; entonces, transportados por Caronte, alcanzan los “Campos del Llanto”: aquí es el último encuentro con Dido. En seguida, después de haber visitado los lugares de los Héroes y el Tártaro, Enea y la Sibila llegan a los Campos Elíseos:    640 “Luego al final del rito, cumplida la ofrenda a la diosa, llegaron a los lugares felices, en el verde festivo de los bosques que transpiran paz, donde tienen morada los bienaventurados. Aquí un cielo más libre reviste de fulgida luz la llanura que goza de un cielo y de estrellas exclusivas”. Finalmente encuentra a Anquises, que contempla las almas destinadas a retornar a la luz y a dar fama y gloria a Roma. Visto Enea, se conmueve y cuenta la espera:    690 “Hete aquí finalmente, la esperada piedad por el padre venció la aspereza del viaje. Me es dado admirar tu rostro hijo, me es dado oír la voz dilecta y hablarte. Sí, lo alimentaba en el corazón, sabía que sucedería, yo contaba las horas: ¡no me ha traicionado la espera! Después que has vagado sobre tantas tierras y sobre tantos mares, te acojo, oh hijo, ¡vejado por tantas desventuras!”   Traducido