Alegoría de las virtudes de la Fuerza, la Prudencia y la Sabiduría, la obra presenta figuras femeninas acompañadas de querubines y claros atributos simbólicos. La Fuerza, identificada por la armadura, asume un papel dominante; la Prudencia es evocada por el espejo, emblema de la autoconciencia y el discernimiento; la Sabiduría emerge del equilibrio compositivo y del diálogo mesurado entre las figuras.
La escena, construida con armonía formal, cromatismo suave y gestualidad controlada, refleja plenamente el lenguaje tardobarroco de Antonio Balestra, pintor veronés atento a la claridad narrativa y a la elegancia clásica.
BIBLIOGRAFÍA: Lilli Ghio & Edi Baccheschi, Antonio Balestra, Poligrafiche Bolis Bergamo, 1989.