El cuadro representa un suntuoso ramo de flores colocado en un jarrón de bronce tallado, adornado con una figura mitológica masculina de sátiro. Las flores se elevan con un movimiento amplio y sinuoso, creando una composición piramidal y equilibrada, donde cada elemento parece dispuesto según un ritmo natural pero cuidadosamente estudiado. La gama cromática es intensa y profunda: rojos carmesí, naranjas quemados, amarillos dorados, blancos nacarados y verdes oscuros, que emergen del fondo oscuro, casi sombrío. La luz incide selectivamente en los pétalos y el jarrón, creando nítidos contrastes de claroscuro, típicos de la pintura barroca nórdica. En el plano se observan algunos pétalos caídos y hojas esparcidas, que contribuyen a dar realismo y un sutil sentido de vanitas, es decir, la conciencia de la fugacidad de la vida y de la belleza.
Finales del siglo XVII - principios del XVIII (aprox. 1670-1720)
Escuela flamenca u holandesa, con influencias italianas (romanas o napolitanas).
Medidas: sin marco L. 67 x H. 90