Siglo XVII
Alegoría del otoño
Óleo sobre lienzo, cm 48 x 53
Con marco, cm 68 x 53
Atribuible a la mano de un artista adscrito al siglo XVII, el óleo sobre lienzo en cuestión representa la personificación de la Alegoría del otoño, encarnada por una joven retratada de perfil.
La mujer, con rasgos fisonómicos del rostro dulces y delicados, está vestida según la costumbre campesina del siglo XVII, que consistía en una larga túnica realizada con un tejido pobre y sin pretensiones, embellecida en este caso por un corpiño con adornos muy sencillos y un tocado ligerísimo con bordados de encaje, que ocultaba el peinado subyacente; para ennoblecer al personaje en su acepción alegórica, el artista ha optado, además, por adornarla con unos pendientes colgantes de gran riqueza y sofisticación. El retrato de medio cuerpo era ideal para representar al personaje en su conjunto, ya que, sin detenerse exclusivamente en el rostro, permitía concentrar la atención también en la forma de vestir, en los gestos y en la pose. Como solía ocurrir en el género del retrato, además, la silueta de la protagonista emerge con todo el brillo de su piel diáfana del fondo oscuro de la pintura, un truco que permitía exaltar la silueta del sujeto principal, concentrando en él toda la atención del espectador.
Con la mano derecha, la mujer sostiene delicadamente un racimo de uvas blancas pizzutella que, junto con los sarmientos que lleva en la cabeza, aluden claramente al momento de la vendimia, práctica agrícola que se realizaba a partir del mes de septiembre, en lo que los romanos llamaban mensis vindemialis. Contrariamente a la idea del imaginario colectivo que encuadraba el otoño como la estación de la decadencia después de los calores traídos por el verano, el autor de la pintura quiere aquí hacernos ver cómo se trata, en cambio, de un período de renacimiento, donde todo se revigoriza y las cosechas y vendimias, propias de la estación, traen cosecha y abundancia de cara al invierno.
El de las Alegorías de las estaciones era un tema particularmente recurrente en la historia del arte ya desde la Antigua Roma, retomado luego ampliamente a partir del siglo XVI – XVII. En particular, el de la Alegoría del otoño fue un tema que abordaron los más grandes artistas del momento, desde el ferrarense Francesco del Cossa (1430 – 1478), al renacentista Botticelli (1445 – 1510) y a su taller, desde el milanés Giuseppe Arcimboldo (1526 – 1593) al romano Angelo Caroselli (1585 – 1652), seguidor del naturalismo caravaggista. Un punto en común de todas las representaciones es la presencia de los sarmientos y de los racimos de uvas, para los cuales el artista en cuestión parecería mirar precisamente a las intrincadas “cabezas compuestas” de frutas y verduras típicas de Arcimboldo.