Siglos XVII – XVIII
Santa Catalina y Santo Domingo
Par de esculturas de madera, cm h 18 (sin base cm h 17) y cm h 22 (sin base cm h 21)
Estas esculturas de madera representan a Santa Catalina y Santo Domingo. La iconografía de Santa Catalina la representa con la rueda del martirio a la que fue sometida en Alejandría de Egipto en el 305 d.C. Según la tradición, Catalina era una joven egipcia, la Leyenda Áurea especifica que era hija del rey Costa y que creció instruida desde la infancia en las artes liberales. Muchos hombres piden a Catalina en matrimonio, pero, después de que la Virgen con el Niño le apareciera en un sueño y le pusiera el anillo en el dedo, se hizo monja. La historia del martirio comenzó con las grandes celebraciones que el emperador celebraba en su honor en Alejandría. Catalina se presentó en el palacio en medio de las celebraciones paganas con sacrificios de animales y a las que muchos cristianos se veían obligados a participar por miedo a las persecuciones. Catalina rechazó los sacrificios y pidió al emperador que reconociera a Jesucristo como redentor de la humanidad, argumentando su tesis con profundidad filosófica. El emperador, impresionado tanto por la belleza como por la cultura de la joven noble, convocó a un grupo de retóricos para que la convencieran de honrar a los dioses, pidiéndola también en matrimonio. Sin embargo, gracias a la elocuencia mostrada por la joven, no solo no la convirtieron, sino que ellos mismos quedaron prontamente impresionados por el cristianismo. El emperador ordenó, por tanto, la condena a muerte de todos los retóricos y, tras la enésima negativa de Catalina, también la condenó a muerte por medio de una rueda dentada. Sin embargo, el instrumento de tortura y condena se rompió y el emperador se vio obligado a decapitar a la santa, de cuya cabeza brotó leche, símbolo de su pureza.
San Domingo, en cambio, se identifica por el perro que lo acompaña, de hecho, según la leyenda, el perro dominicano nace de una visión que tuvo la madre del santo antes de que él naciera: la mujer soñó que un perro salía de su vientre con una antorcha encendida en la boca. Cuando se despertó, interpretó ese sueño como un mensaje dirigido a ella por Dios en persona y decidió peregrinar al monasterio de Santo Domingo de Silos para pedir su intercesión.
Poco tiempo después quedó embarazada y comprendió que la respuesta que le había dado Dios era la criatura que ahora llevaba en su vientre y que el niño encendería un fuego en el mundo por medio de su predicación; como señal de homenaje al Santo, por tanto, decidió darle a su hijo su mismo nombre. San Domingo fundó la llamada Orden de Predicadores, que en todo el mundo, sin embargo, se llaman Dominicos, en latín, Dominicos se traduce como Dominicanus, similar a Domini Canis, Los perros del Señor, como aún hoy se llaman los frailes predicadores.
En estas dos pequeñas estatuas se observa la preciosidad de la talla, en particular en los amplios paños que envuelven los cuerpos de los dos santos, tanto a la altura de la cintura, donde se abren impulsados por un aliento invisible de viento, como alrededor de los pies, donde se rizan armoniosamente.
El objeto está en buen estado de conservación
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