Examinando con interés esta animada “Naturaleza muerta” (pintura al óleo sobre lienzo ovalado, cm 60 x 80 sin marco y 78 x 88 cm con marco), ambientada al aire libre en un parque con una pequeña fuente en primer plano a la izquierda y pinos al fondo.
La dinámica inventiva se centra en varios grupos florales, de los cuales el principal está esparcido por el suelo junto con un plato de mayólica al pie de un pequeño pedestal cuadrado con otras flores encima, mientras que a la derecha un jarrón panzudo está sobre un pilar de forma original, desde el cual desciende un girasol floral que se une abajo a otras flores. La escena tiene un brillante tejido cromático con una prevalencia del azul y una límpida luminosidad que constituye su elemento de cohesión.
La impronta estilística y tipológica así como pictórica, junto con su gusto expositivo en línea con una plena adhesión al rococó francés – se advierte una directa consideración del Monnoyer y de su directo seguimiento – permiten establecer una colocación de esta agradable y refinada “Naturaleza muerta” en el ámbito piamontés de la primera mitad del siglo XVIII, y de individualizar en consecuencia a su autora en Anna Caterina Gili (Turín, 1700 -1754 ). Una especialista del sector que actuó en paralelo al más conocido Michele Rapous, pero que merecería ser puesta de nuevo en valor, dada su segura relevante actividad, considerando sus cualificadas ejecuciones para la corte saboyana, que atestiguan una personalidad más ramificada que la del colega, y de cuya comparación se puede justamente remontar a su mano para la refinada “Naturaleza muerta” aquí considerada.
La presente “Naturaleza muerta”, aquí tomada en examen, constituye un significativo testimonio de las dotes de esta agradable pintora turinesa, la cual pudo satisfacer con natural espontaneidad los fines decorativos y el gusto de la aristocracia menor rotante en torno a aquella de la corte, fruyendo del clima cosmopolita instaurado en la capital saboyana, gracias a la moderna dirección ejercitada por Juvarra que, llamado a Turín por Vittorio Amedeo II, allí operó hasta 1735, cuando fue llamado a la corte de Madrid, no solo como arquitecto – cambió el rostro de la ciudad – sino también como empresario llamando a diversos maestros emergentes de todas las escuelas pictóricas italianas. De tales admisiones debió sin duda aprovechar provechosamente también Gili, manteniendo siempre una angulación estilística de base gravitando sobre la pintura francesa contemporánea, con una particular atención por Monnoyer y su seguimiento, como ya se mencionó anteriormente.
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Dr. Riccardo Moneghini
Historiador del Arte