Esta fascinante y gran obra representa "La expulsión de Adán y Eva del Paraíso Terrenal" (Génesis, 3, 8-24).
El pintor no representa el Paraíso como se concibe popularmente, lleno de bellezas naturales y gloria pacífica. Más bien, nos lleva al corazón de este tema teológico, místico y espiritual.
Los primeros seres humanos fueron colocados en un jardín eterno prácticamente sin límites, pero he aquí que llega el engañador, representado por una serpiente, que inicia una conversación que no es casual. Seduce al hombre y a la mujer prometiéndoles una identidad robada, "ser como Dios".
El enfrentamiento es seguido por la expulsión. La armonía original es destruida.
La creación está sujeta a la decadencia, y la muerte hace su entrada en la historia humana.
La gloriosa figura de uno de los querubines emerge de las nubes.
El cabello levantado y la mirada penetrante contrastan con la ligereza de sus alas y del drapeado.
Noten el manto rojo que lo cubre parcialmente, indica la entrada de la muerte y del derramamiento de sangre.
Delante de él están los protagonistas de la historia, Adán y Eva, que corren con los brazos levantados y Eva, que mira hacia atrás, lloran su condición caída. Delante de ellos se arrastra la serpiente (alegoría del diablo), "el más astuto de todos los animales", en hebreo nahash (seductor), que parece reír maliciosamente.
Mientras los seres humanos entran en la oscuridad, el cuadro nos inspira a preguntarnos: "¿Es el fin? ¿Es la victoria del pecado consciente universal? ¿Somos castigados y condenados para siempre?"
Es interesante que el astuto engañador prometa a los seres humanos que, al comer el fruto prohibido, sus ojos se abrirán y podrán ver y conocer. Es una media verdad, porque después de comerlo sus ojos se abrieron, sí, pero no en la sabiduría, sino en la vergüenza. Se dieron cuenta de que estaban desnudos. La inocencia se ha perdido, y ahora intentan cubrirse con las hojas de la higuera.
Pero Dios obra algo espléndido. No abandona su creación. ¡Dios provee! Noten en segundo plano la presencia de dos corderos, lo que alude claramente al Cordero de Dios que asume los pecados del mundo.
Nuestro lienzo es de gran tamaño en comparación con los cuadros sobre tabla y cobre más comunes.
De hecho, los cuadros sobre lienzo son más raros y solo se encuentran en obras de grandes dimensiones.
El estado de conservación es excelente y el bello marco esculpido y dorado acompaña perfectamente al cuadro.
Es una obra de altísimo nivel, capaz de decorar la pared de un gran salón suscitando en los invitados gran interés y curiosidad.
El cuadro ha sido reentelado y reenmarcado.
Época: Siglo XVII.
Dimensiones: cm. 174,5 x108 - lienzo cm. 156,5 x 93,5
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