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Pareja de pinturas 'El asalto de los bandidos' 'Después del asalto', Giuseppe Zais (Canale d’Agordo, Belluno 1709 - Treviso 1781)

Codice: 456548
12.000
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Autor: Giuseppe Zais (Belluno 1709 - Treviso 1781)
Época: Siglo XVIII
Categoría: Paisaje
Expositor
Antichità Castelbarco
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Pareja de pinturas 'El asalto de los bandidos' 'Después del asalto', Giuseppe Zais (Canale d’Agordo, Belluno 1709 - Treviso 1781) 
Descripción:
Giuseppe Zais (Canale d’Agordo, Belluno 1709 - Treviso 1781) Pareja de pinturas El asalto de los bandidos Después del asalto Óleo sobre lienzo, 108 x 42 cm. cada uno En marco 128 x 62 cm. Agradecemos a la Doctora Federica Spadotto por haber estudiado y atribuido al catálogo de Giuseppe Zais esta pareja de pinturas. A continuación, proponemos un profundo estudio crítico. Detalles: enlace https://www.antichitacastelbarco.it/it/prodotto/giuseppe-zais--pendant-di-dipinti El paisaje veneciano del siglo de oro ha habituado al público y a los estudiosos a extraordinarias, e inesperadas, contaminaciones entre géneros, sellando un escenario artístico muy permeable a las sugerencias internacionales. Esto ocurre, sin duda, debido al origen «forestal» ligado al repertorio campestre, que registra la fundamental aportación de referentes transalpinos (Spadotto, 2014) en lo que respecta a la inspiración y al alfabeto expresivo de los artistas autóctonos. Entre estos últimos, la experiencia de Giuseppe Zais (Belluno 1709 - Treviso 1781) resulta fundamental, pintor emigrado a la ciudad del león verosímilmente entre los años treinta y cuarenta del siglo XVII, donde habría realizado su aprendizaje con el pintor de batallas Francesco Simonini (Parma, 1686 - Venecia o Florencia, post 1755). De hecho, era una práctica habitual para cualquier pintor que aspirara a un cargo oficial - es decir, la inscripción en la Fraglia - practicar junto a un personaje consagrado, como, precisamente, el maestro de Parma. Más que de un verdadero aprendizaje, hay que imaginar al joven pintor trabajando como ayudante en los temas bélicos que habían hecho célebre a Simonini en la laguna, donde abundaban los encargos y la consiguiente necesidad de confiar parte del trabajo a un ayudante válido (es decir, a nuestro Giuseppe). Solo recientemente, gracias a los ensayos pictóricos dados a conocer por Egidio Martini, se ha identificado un núcleo de pinturas ejecutadas por Giuseppe (fig.1) en estricta adherencia al repertorio de su maestro, y que durante mucho tiempo se habían creído obras autógrafas de Simonini. El análisis de estos ejemplares pone de manifiesto estrechas afinidades de forma y estilo con respecto a los homólogos de Francesco, sobre los cuales Zais introduce algunos caracteres distintivos que se volverán típicos de su manera, entre los que destaca la torre redonda y la característica fisonomía de los rostros. Con el paso de los años, nuestro artista arquivará esta experiencia en favor de los meriggi soleados de inspiración zuccarelliana, además de colaborar con su hijo Gaetano (documentado entre 1765 y 1798) en su género predilecto. Y precisamente un paisaje realizado por este último y dado a conocer por quien escribe (Spadotto, op.cit., 2014, fig.284, tabla XLV; fig.2) ofrece una importante pieza documental para arrojar luz sobre la etapa creativa extrema del Maestro, pasada por alto por las fuentes y carente de obras autógrafas. En el Paisaje idealizado con figuras, estatuas y animales al abrevadero (fig.2), Zais junior transmite un compendio de la producción paterna, expresado a través de un trazo bastante denso y una gama cromática jugada en tonos «terrosos», en sintonía con el revival de Marco Ricci (Belluno, 1676-Venecia, 1730) muy en boga en la segunda mitad del siglo XVIII. A la seducción del Bellunese había sucumbido, además, el propio Zuccarelli (Pitigliano, 1702-Florencia, 1788), realizando la Caza del toro (fig.3) ahora en las Galerías de la Academia de Venecia, verdadero y propio ejemplar respecto al tema, donde emergen los mismos ingredientes pictóricos citados poco antes. En este horizonte se encuadra la notable pareja de pinturas objeto de análisis, que «despliega» como un verdadero testamento el largo recorrido artístico de Giuseppe, desde los albores como especialista en batallas hasta la síntesis final de finales del siglo XVIII. Los soldados de Simonini se convierten en caballeros a merced de un ataque de bandidos, que los matan y despojan de todos sus bienes, como ocurre en Después del asalto, en la que la composición del campamento post-batalla acoge el resultado del fatídico crimen, perpetrado por personajes en los que reconocemos las vestimentas y la fisonomía de los campesinos inmortalizados por Giuseppe en célebres escenas campestres. El gusto por el detalle, de clara ascendencia zuccarelliana, se fusiona con un estilo rápido, inmediato, que no traiciona, sin embargo, la definición del follaje en los típicos y grandes árboles que enmarcan las escenas, donde la inspiración del citado Ricci se fusiona con la «moda» norueguesa imperante en la cultura figurativa veneciana a finales del siglo XVIII. A pesar de lo que el gusto del público ha expresado durante gran parte del siglo de oro, eligiendo la lánguida poesía arcádica como territorio de sus ideales estéticos, el declive de la Serenísima hace resurgir los ecos de esa «naturaleza madrastra» frecuentada por la primera generación de paisajistas, que regresa, muy actual, como metáfora de un mundo destinado a extinguirse una década después de su muerte.