Michele Gordigiani (Florencia 1835-1909), Joven doncella pompeyana, 1886
Descripción:
Michele Gordigiani (Florencia 1835-1909), Joven doncella pompeyana, 1886.
Óleo sobre lienzo, 82x86 cm, firmado en la parte inferior derecha "M. Gordigiani/1886".
Medidas con marco: 122x126 cm.
El cuadro representa el retrato de una joven vestida con ropas antiguas. La túnica romana que cubre a la doncella y el lazo que recoge su cabello, tan utilizado en este tipo de pintura histórica, son elementos distintivos de la pintura neopompeyana, muy popular en la segunda mitad del siglo XIX.
La doncella sostiene una elegante caja de bronce, que muestra con satisfacción, como si contuviera algo muy especial.
Gordigiani, retratista muy hábil y apreciado, devuelve una figura femenina de rasgos delicados y gracia atemporal.
El cuadro está embellecido por un refinado marco de madera dorada, ricamente decorado.
BIOGRAFÍA
Nació en Florencia el 29 de mayo de 1835, hijo del músico Luigi y de Anna Giuliani, hija del célebre guitarrista y compositor Mauro. Siendo muy joven, aprendió los rudimentos de la escultura en el estudio de L. Bartolini, que vivía en el mismo edificio en borgo Tinti. Hacia 1845, se convirtió en alumno de L. Mussini, en la escuela que el pintor había fundado en Florencia con su amigo A. Sturler, y donde tuvo como compañero de estudios a S. Lega.
Resuelto a dedicarse por completo a la pintura, Gordigiani se inscribió en la Academia de Bellas Artes, asistiendo a los cursos de G. Bezzuoli. Durante estos años de formación, se ejercitó mucho copiando a los grandes maestros del pasado y comenzó a desarrollar excelentes dotes de retratista.
En 1855 se fecha su ingreso al café Michelangelo, donde entabló amistad con el grupo de los Macchiaioli, compartiendo en parte sus investigaciones.
Pronto, sin embargo, su propensión por el retrato se volvió casi exclusiva, y por sus refinadas capacidades en este género pictórico obtuvo rápidamente un amplio consenso. De 1856 datan el Autorretrato de los Uffizi, donde se pinta con un aire sutilmente descarado y con un cigarro en la boca, y el retrato de Ludovico Raymond (Turín, Galeria Civica d'Arte Moderna); de 1858 son, en cambio, los dos célebres retratos del poeta inglés Robert Browning y de su esposa Elizabeth Barrett (Londres, National Portrait Gallery).
En 1860 viajó a París, donde fue introducido en los círculos artísticos y mundanos por Virginia Oldoini, condesa de Castiglione, su íntima amiga y a quien retrató en varias ocasiones a lo largo de los años. Poco después de regresar, realizó el retrato del conde Camillo Benso de Cavour y en 1861, a pesar de haber visto al modelo solo de pasada en una fiesta, el del rey Vittorio Emanuele II (Turín, Museo nacional del Risorgimento), por encargo de su primo Eugenio Emanuele de Saboya, príncipe de Carignano.
Ambos lienzos fueron presentados, suscitando unánimes elogios, en la primera Exposición Italiana organizada en Florencia en 1861; en esta ocasión, Gordigiani rechazó el premio que se le había otorgado, compartiendo las protestas de sus amigos macchiaioli contra el jurado, considerado incompetente. El agrado obtenido por el cuadro de Vittorio Emanuele, sin embargo, hizo que Gordigiani se convirtiera en el retratista oficial de la Casa de Saboya, cuyos miembros posaron en varias ocasiones, especialmente durante los años de Florencia como capital.
Posteriormente, otras cortes se beneficiaron de su talento, comenzando por la portuguesa (muchos retratos de los Saboya se conservan en el Palacio Nacional de Ajuda en Lisboa, encargados por la reina María Pía, hija de Vittorio Emanuele) hasta la inglesa, a donde viajó para pintar el retrato de la reina Victoria. Durante treinta años, el pintor recibió encargos cada vez más frecuentes y prestigiosos de la nobleza y la rica burguesía, aunque nunca dejó de plasmar en el lienzo el rostro de sus familiares y amigos más queridos, como los artistas G. Duprè, L. Mussini, T. Conti y los literatos R. Fucini, E. De Amicis, A. Maffei. La notable capacidad para reproducir fielmente las semblanzas, recurriendo cada vez más a modelos fotográficos, y la adhesión al estilo aristocrático de los mejores intérpretes del género activo en Francia e Inglaterra (C. Duran y J.S. Sargent ante todo) son las principales causas del éxito de los retratos de Gordigiani, no solo entre la clientela de alto rango, sino también entre el público, que tenía la oportunidad de admirarlos en las grandes exposiciones italianas e internacionales.
Entre los numerosos viajes realizados por Gordigiani, con destino más frecuente a Londres o París, cabe destacar el de 1893-94 a Nueva York, ciudad en la que se estableció su hijo Eduardo y donde Gordigiani tuvo la oportunidad de realizar, en el transcurso de unos meses, numerosos retratos.
De regreso a Italia, continuó produciendo a su ritmo habitual hasta casi su muerte, ocurrida el 7 de octubre de 1909 en Florencia. En abril del año siguiente, una gran parte de los cuadros y bocetos presentes en el estudio de piazzale Donatello, junto con numerosos muebles y su propia colección de arte, salió a subasta según sus disposiciones testamentarias.
Además de los retratos, Gordigiani se dedicó, aunque con menor frecuencia, a otros tipos de composición, desde el paisaje hasta la pintura de historia y la de género, abordada con temas fáciles y de seguro impacto en el público. Tomando como modelo a sus familiares, se deleitó a veces en el retrato de época.
Fiel a su propio estilo, Gordigiani permaneció prácticamente insensible a las novedades, acentuando, con el paso de la edad y la fama, su sólida formación académica.
Además de en los museos citados y en numerosas colecciones privadas italianas y extranjeras, se encuentran obras de Gordigiani en el Museo Nacional de Capodimonte en Nápoles, en la Pinacoteca Nacional de Bolonia, en la Galería Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Roma, y en la Galería Nacional de Arte Moderno del Palacio Pitti en Florencia, donde se conservan alrededor de treinta lienzos del artista.