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Carlo Preda (Milán, c. 1651/52 – 1729), La matanza de los inocentes

Codice: 456184
8.000
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Época: Siglo XVII
Categoría: Pintura Religiosa
Expositor
Ars Antiqua SRL
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Carlo Preda (Milán, c. 1651/52 – 1729), La matanza de los inocentes 
Descripción:
Carlo Preda (Milán, c. 1651/52 – 1729) La matanza de los inocentes Óleo sobre lienzo, 120 x 150 cm Con marco, 134 x 163 cm Ficha crítica Prof. Alberto Crispo El cuadro representa la dramática escena evangélica de la Matanza de los inocentes. La composición se articula con un fuerte impulso dinámico en primer plano, donde se consume la desesperada y agitada defensa de las madres que intentan proteger a sus hijos de la ciega violencia de los esbirros. Al fondo, en una posición elevada desde un balcón, la figura hierática de Herodes asiste gélidamente a la consumación de la masacre. La obra se distingue por una interesante transición estilística: si bien las expresiones exasperadas de los rostros y los marcados contrastes claroscuros enfatizan la tragedia intrínseca del episodio, el uso de delicados tonos pastel en los paños de las vestimentas marca una clara ruptura con los modelos más severos del siglo XVII, revelando una plena y madura adhesión al naciente lenguaje del barocchetto. Esta específica huella estilística encuentra estrechas confirmaciones en la comparación directa con otras obras documentadas en el catálogo del pintor milanés. De hecho, se observan fisonomías totalmente superponibles y la misma conducta cromática y lumínica tanto en el Salvamento milagroso de los peregrinos en viaje hacia Santiago de Compostela por San Domenico de Guzmán (vendido en Bertolami en Roma el 21 de noviembre de 2019, lote 52) como en la Sagrada Familia de colección privada. Un ulterior y decisivo punto de encuentro formal surge de la Educación de la Virgen (aparecida en el mercado en Il Ponte en octubre de 2024, lote 242), en la que el escorzo del rostro de la Niña María aparece casi superponible al de la madre tendida en el suelo abajo a la derecha en el lienzo en cuestión. El cuadro se inserta perfectamente en la parábola biográfica y profesional de Carlo Preda, nacido en Milán entre 1651 y 1652, hijo de Andrea y Bianca Bianchi. Su primera formación tuvo lugar en el contexto familiar bajo la guía de su tío materno, el pintor Federico Bianchi. Su lenguaje inicial, inicialmente ligado a los modelos del propio Bianchi y de Filippo Abbiati, evolucionará con el tiempo gracias a una profunda actualización sobre las maneras del barroco tardío genovés —en particular de Domenico Piola, Bartolomeo Guidobono y Gregorio De Ferrari—, orientándose hacia tonos más dulces, lánguidos y de declarada matriz neo-Correggesca. Su afortunada carrera y sus constantes desplazamientos por el territorio atestiguan su éxito: hacia 1680 data la Inmaculada y Santos para la iglesia milanesa de San Giorgio a Palazzo, seguida en 1682 por el lienzo para la sacristía del Carmine de Pavía. En 1688, año en que es citado oficialmente entre los miembros de la Academia de San Lucas de Milán, el artista se traslada idealmente hacia el Piamonte pintando la Asunción y Santos destinada a Terruggia, a la que seguirá en 1690 la Comunión de un prelado capuchino para el Museo Cívico de Casale Monferrato. Regresado establemente a los talleres milaneses, entrega antes de 1691 el San Carlo que quema la carta para el prestigioso ciclo de los cuadros tardíos del Duomo de Milán. De 1694 datan en cambio las Historias de Santa Catalina para la Pinacoteca del Castillo Sforzesco y la Virgen con el Niño y San Pablo, originalmente en San Vincenzo de Cremona y hoy en una colección piacentina. Consagrado como figura de primer plano de la escena artística milanesa, en 1702 es elegido príncipe de la misma Academia de San Lucas, mientras sus obras entran establemente en las colecciones de las más influyentes casas lombardas de la época, como los Carrara, los Clerici, los D'Adda, los Pertusati y los Secco Borella. En 1708 Preda diversifica su actividad al pintar al fresco el Rapto de San Pablo al tercer cielo en la sacristía de San Barnaba de Milán y realizar, al mismo tiempo, un retablo para el Santuario de Caravaggio. En los años de madurez realiza dos lienzos para el ciclo del Sagrado Clavo del Duomo de Milán (de los cuales se conserva el Heraclio impedido de llevar la cruz) y se traslada progresivamente hacia el Verbano y el alto novarese, pintando el Cristo juez para la colegiata de Pallanza (c. 1716), el San Antonio y Santos en Santo Stefano de Milán (c. 1718) y, finalmente, el retablo de 1724 para el palacio Leonardi en Trecate, hoy conservado en el monasterio local de las hermanas de la Caridad, que constituye su última obra conocida antes de su fallecimiento, ocurrido en Milán el 27 de enero de 1729.