Agradable escena de interior de gusto decimonónico, en la que una familia es retratada en un momento de simple entretenimiento doméstico. Las figuras, reunidas alrededor de una mesa, están iluminadas por una luz suave que contribuye a crear una atmósfera serena y recogida, típica de la pintura de género del periodo.
La obra, realizada al óleo sobre tabla, presenta una ejecución precisa pero en general sencilla, con atención a los gestos cotidianos y a la dimensión narrativa más que a los detalles minuciosos. El cuadro se enmarca en la línea característica de Frans Moormans, autor apreciado por sus representaciones íntimas y afables de la vida burguesa del siglo XIX.
Alto 60 cm, ancho 47 cm