Escultor de Trapani del siglo XVIII
Santa Rosalía
Marfil (marco de carey), 10 x 7 cm – con marco, 24 x 22 cm
La obra va acompañada de su certificado CITES
Esta refinada cabecera del siglo XVIII es un testimonio emblemático de la excelencia alcanzada por los artesanos de Trapani en el arte de la microescultura y el ensamblaje de materiales preciosos. La obra se presenta encerrada en un marco octogonal revestido de preciosa carey parda, cuya cálida y jaspeada superficie actúa como umbral cromático hacia la escena sagrada interior. El contraste visual es nítido y estudiado: sobre el fondo oscuro de tejido azul noche resalta la blancura del marfil finamente tallado. En el centro de la composición se alza la figura de Santa Rosalía, patrona de Palermo e icono de la devoción siciliana, representada en posición de pie sobre un elegante pedestal clasicista. La Santa es captada con la cabeza coronada de rosas y la mirada vuelta al crucifijo que sostiene firmemente con la mano derecha. La figura está rodeada por una serie de elementos accesorios de marfil que, lejos de ser puramente decorativos, completan el aparato simbólico y escenográfico del pequeño altar doméstico. Arriba, a los lados de la Santa, se aprecian dos festones o cortinajes estilizados que simulan un dosel invisible, nobleciendo la figura central según los cánones de la puesta en escena barroca. La parte superior del marco está adornada con un cimacio dorado que representa un querubín alado, que también servía de gancho para su suspensión. En el siglo XVIII, Trapani se consolidó como uno de los centros más florecientes del Mediterráneo para la elaboración de materiales exóticos gracias a su posición estratégica y a la larga tradición ligada a la pesca y al trabajo del coral. Los escultores de Trapani desarrollaron una técnica especializada en la combinación de marfil, carey y metales dorados para satisfacer la creciente demanda de objetos para la devoción privada por parte de la aristocracia y la alta burguesía. Estas cabeceras no eran simples muebles, sino microcosmos espirituales destinados a los dormitorios, donde la preciosidad de los materiales subrayaba la importancia del culto doméstico. La capacidad de tallar el marfil con precisión milimétrica permitía traducir los grandes modelos de la estatuaria barroca a tamaños de bolsillo, convirtiendo estas manufacturas en obras maestras de artesanía artística buscadas en toda Europa y hoy conservadas como rarezas en colecciones de museos y antigüedades.