Venecia, siglo XIX
Figura femenina portalamparillas Moretta
Madera, lacada y dorada, altura 178 cm
base, 50 x 56 cm
Esta escultura de una "moretta" portavelas es un testimonio ejemplar de la alta artesanía veneciana del siglo XIX, distinguiéndose por sus excepcionales dimensiones y una profusión decorativa de singular valor. Realizada en madera policromada, la figura se presenta como una refinada mezcla entre la figura de la odalisca y la de una amazona moderna, envuelta en una túnica donde un arabesco iridiscente recorre todo el drapeado, que cae suavemente sobre las caderas para anudarse a la derecha en un vistoso lazo. La hábil talla en madera se enriquece con toques dorados que, licuándose en líneas geométricas bidimensionales, revelan un minucioso amor por el detalle, apreciable tanto en la representación de las particiones tonales como en la definición plástica del grueso collar y los brazaletes a juego. La elegante pose de la figura, captada en un momento de delicado reposo con una pierna ligeramente flexionada, realza su dinamismo compositivo mientras tiende, en un gesto de ofrenda, una bandeja decorada y un candelero. La alegre sonrisa que ilumina su rostro confiere a la escultura una vibrante caracterización realista, plenamente coherente con la línea inventiva de la tradición veneta que hunde sus raíces en el siglo XVI.
La tradición de los "moretti" venecianos hunde sus raíces en el corazón de la Serenísima, entre los siglos XVII y XVIII, naciendo como expresión plástica del prestigio internacional de una potencia marítima entonces dominante. Inicialmente concebidos para celebrar las victorias militares y comerciales contra el Imperio Otomano y los corsarios berberiscos, estos sujetos transformaban la figura del "vencido" en un elemento decorativo de altísimo valor, destinado a adornar los palacios de la nobleza.
Con el tiempo, la connotación puramente política cedió paso a un exotismo culto y escenográfico: el "moro" se convirtió en un símbolo de lujo cosmopolita, declinado en espléndidas esculturas de madera policromada como candelabros, sirvientes mudos o soportes para muebles. Esta iconografía, que fusiona la maestría del tallado veneto con la fascinación por Oriente, encontró su máxima fortuna en el siglo XIX, cuando la figura de la "moretta" fue reinterpretada con una estética más dulce e idealizada, transformando el personaje en una especie de embajador de un mundo lejano, lujoso y envuelto en misterio.