Taller napolitano, siglo XVIII, Dos cabezas de figuras de belén
Descripción:
Taller napolitano, siglo XVIII
Dos cabezas de figuras de belén
Madera tallada y pintada con ojos de pasta vítrea, altura máxima 14,5 cm
En la refinada producción artística del siglo XVIII napolitano, los dos cabezales en cuestión representan un testimonio de excelencia de esa "escultura en miniatura" que elevó el belén de rito devocional a fenómeno de altísimo coleccionismo internacional. Realizadas en madera finamente tallada y policromada, estas obras se distinguen de la producción más común en terracota por la preciosisdad del material y la precisión del buril, sugiriendo un destino para figuras de particular relevancia jerárquica dentro de las espectaculares escenografías de belén de la época.
Estas esculturas funden naturalismo barroco e idealización, cobrando vida gracias a sabias veladuras del encarnado y al uso de ojos de pasta vítrea, insertados desde el interior para conferir una mirada vital y teatral. Si el rostro masculino, con barba ondulada y expresión fiera, dignifica los rasgos populares según el gusto arcádico, la figura femenina encarna una elegancia compuesta: la piel diáfana y los peinados simétricos remiten a los modelos cultos de la nobleza o de las figuras angelicales del siglo XVIII. Estas cabezas nacen en el clima cultural promovido por Carlos de Borbón, soberano que transformó Nápoles en una capital cosmopolita. En el siglo XVIII, el belén se convirtió en el escenario de la realidad: junto a la Natividad, los artistas —a menudo los mismos que trabajaban en las grandes obras borbónicas, como el célebre Giuseppe Sanmartino— modelaban una humanidad variada y bulliciosa. Las figuras que llegan hasta nuestros días son mayoritariamente aisladas y por tanto carecen de las variaciones compositivas y de la escenografía efímera en la que estaban ubicadas, que sin embargo debía recordarse al paisajismo pictórico de los siglos XVI y XVIII. A pesar de ello, nos muestran una parte de lo que debió ser una representación curada por varios oficios, encargados de la escenografía naturalista o arquitectónica, de las esculturas, de los "adornos" (los detalles como frutas y verduras), de los animales o de las "vestimentas" y organizadas por un especialista para regular el conjunto.
Originalmente, estas cabezas estaban montadas sobre maniquíes de alambre y estopa, una estructura flexible que permitía imprimir a las figuras movimientos dinámicos y realistas, antes de ser revestidas con sedas de San Leucio, finísimos bordados y diminutas joyas de plata o coral.