Óleo sobre tabla firmado y fechado por G. Gagneau, 1933, que representa una naturaleza muerta con flores. La composición está dispuesta verticalmente y organizada alrededor de un jarrón de cerámica decorada colocado en el centro de la escena, que contiene un ramo de dalias en tonos de amarillo, marfil y crema. Las flores se construyen mediante una densa aplicación pictórica, con pinceladas superpuestas que definen los volúmenes y la estructura de los pétalos. A la derecha del jarrón principal se coloca un segundo ramo de gerberas, de tamaño más pequeño, insertado en un recipiente metálico de tonos marrones. Los colores anaranjados y rojos de las gerberas establecen un contraste cromático con el ramo central y contribuyen al equilibrio general de la composición. El plano de apoyo, representado en diferentes gradaciones de azul, se trata con una pintura vibrante y no uniforme, mientras que el fondo presenta tonos azul-grisáceos aplicados con pinceladas amplias y estratificadas. La luz emerge de la relación entre las masas cromáticas y la materia pictórica, más que de una fuente luminosa explícita.
G. Gagneau fue un pintor francés activo entre los años veinte y treinta del siglo XX, perteneciente a esa área de artistas que trabajaron manteniendo viva la tradición pictórica postimpresionista. Su formación y su lenguaje revelan una profunda atención a la materia pictórica, al color como instrumento expresivo autónomo y a la construcción de la imagen por planos cromáticos más que por dibujo académico. Gagneau parece perseguir una pintura íntima, culta y mesurada, en la que el tema cotidiano se convierte en pretexto para una investigación sensible. Las naturalezas muertas florales representan uno de los núcleos más logrados de su producción: flores llenas, vitales, a menudo capturadas en una fase de madurez avanzada, representadas con pinceladas densas y vibrantes. Los fondos y los planos de apoyo se tratan con gran cuidado tonal, creando atmósferas silenciosas y suspendidas, típicamente francesas.