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Escena de taberna

Codice: 432539
3.800
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Autor: Cristòfor Alandi
Época: Segunda mitad del siglo XIX
Categoría: escena galante
Expositor
Ars Antiqua SRL
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Via Pisacane, 55, Milano (MI (Milano)), Italia
+39 02 29529057
http://www.arsantiquasrl.com
Escena de taberna  Traducido
Descripción:
Cristófor Alandi (Tarragona, 1856 – Barcelona, 1896) Escena de taberna Óleo sobre lienzo, 155 x 120 cm Con marco, 166 x 133 cm Firmado y fechado en 1888 abajo a la derecha   El cuadro en cuestión es un testimonio vivo de lo que fue el siglo XIX en España, un siglo de profundas transformaciones y tumultos tanto a nivel político como social, que se reflejaron también en la producción artística y, en particular, en la pintura. Los artistas españoles de este período, en efecto, se encontraron con la necesidad de conciliar las tradiciones pictóricas del pasado con las nuevas influencias provenientes de Europa, dando vida a grandes experimentaciones. En concreto, el Realismo encontró un terreno fértil sobre todo en la segunda mitad del siglo, cuando se empezó a dedicar mayormente a la representación puntual de la realidad cotidiana y de sus protagonistas (campesinos, pastores, bebedores, jugadoras, músicos, etc.), adoptando siempre una mirada crítica y atenta a los detalles. El majestuoso lienzo aquí presentado es obra de uno de los principales exponentes de la pintura española del siglo XIX, Cristófor (o Cristobal) Alandi (Tarragona, 1856 – Barcelona, 1896), como atestigua la firma que aparece abajo a la derecha. Artista del que se conocen pocas informaciones biográficas, también debido a su muerte prematura a la edad de apenas cuarenta años, sabemos que se formó en la Academia de Bellas Artes de Barcelona bajo la guía de Simó Gomez Polo, pintor y grabador realista que había trabajado en estrecho contacto con los franceses Alexandre Cabanel, Tony Robert-Fleury, dejándose profundamente inspirar por las obras maestras de Édouard Manet y de Eugène Delacroix. A la edad de dieciocho años, durante un viaje a Roma, tuvo la oportunidad de ver y conocer las obras del maestro Marià Fortuny i Marsal (Reus, 1838 – Roma, 1874), yerno del director del Museo del Prado y modelo indiscutible para muchísimos artistas españoles de la segunda mitad del siglo XIX, cuyo arte se caracterizaba por pragmáticas escenas de vida común de gran vivacidad (citando las palabras del crítico Théophile Gautier “Fortuny como aguafuertista iguala a Goya y se acerca a Rembrandt”). Alandi retomó varias veces los modelos del maestro, tanto que en 1879 enviará a Barcelona una copia de la Batalla de Tetuán y una de la Batalla de Wad-Ras, que atestiguaron su gran habilidad técnica. Después de haber regresado a España y haber estudiado en la Academia Superior de Pintura de San Fernando de Madrid, su fama empezó a difundirse capilarmente, gracias también a su frecuente participación en los Salones internacionales que lo dieron a conocer al gran público: en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884 presentó el cuadro La pastora catalana; participó sucesivamente en muestras colectivas en la sala Parés en 1892 y en mayo de 1893; expuso en el Salón de París en 1893; participó en la Exposición de Bellas Artes de Barcelona en 1894; en 1898, dos años después de su muerte, su obra Dél el Tono (Dándole el tono) fue publicada en el Álbum de los Salón. El lienzo aquí examinado, realizado por Alandi en 1888 a la edad de treinta y dos años, muestra una Escena de taberna en la que son visibles dos mujeres en primer plano, una sentada de espaldas intentando tocar una guitarra y la otra de frente con la mirada fija al espectador, y dos hombres en el fondo, uno siempre con el instrumento musical en la mano, captados mientras, embelesados por la presencia femenina, alzan sus copas de vino. Entre los pioneros de la pintura realista en España, Alandi se distingue aquí por una extraordinaria capacidad de captar la esencia y la expresividad de sus sujetos, a través de miradas y poses bien calibradas. La pincelada es pastosa, vibrante, libre, con una absoluta capacidad de representar la materia pictórica, pero también intensa y fluida, capaz de simular un vivaz dinamismo. El contraste entre luces y sombras se convierte en un elemento clave para comprender el cuadro: el artista, en efecto, utiliza la luz para modelar las formas y crear un sentido de profundidad y tridimensionalidad, hecho aún más acentuado por la elección cromática. De un fondo oscuro en penumbra, donde prevalecen tonalidades terrosas y amarronadas, emergen en toda su potencia las dos mujeres, golpeadas directamente por el haz de luz, cuyas fisionomías recuerdan los típicos rasgos hispánicos. No pasan ciertamente inadvertidos los dos maravillosos vestidos tradicionales catalanes, fuerte símbolo de identidad cultural, sobre los cuales Alandi concentra toda su atención: un caleidoscopio variopinto de tejidos diversos, bordados, encajes y puntillas convertido en icónico en el folclore ibérico. Sus retratos, por lo tanto, no son simples representaciones físicas, sino verdaderas y propias indagaciones culturales y sociales.  Traducido