Camillo Ricci (Ferrara 1590 - 1626)
Diana transforma a Acteón en ciervo
Óleo sobre lienzo, cm 40 x 49,5
Ficha de Massimo Pulini
En la orilla de un arroyo, que crea una poza de agua y un claro entre una arboleda y otra, se están bañando algunas jóvenes que, en el instante en que se detiene la imagen, aparecen alarmadas por la llegada de un joven cazador. Dos de ellas se preocupan por cubrir las desnudez de la figura central que, la marca de una pequeña luna creciente en el cabello, nos revela que es Diana, la diosa protectora de las fuentes y las selvas. En el mismo instante en que la divinidad levanta amenazante la mano, vemos al joven cazador en medio de una metamorfosis causada por el hechizo de la misma Diana. Ha aparecido una cabeza de ciervo en la cima del cuerpo humano, que sin embargo parece seguir avanzando en la orilla. Tardío e inútil es su gesto de disculpa, con los brazos abiertos, y tan pronto como se complete la transformación en animal, sus propios perros lo devorarán, sin reconocerlo más. La dramática historia de Acteón se cuenta y se suspende en esta pequeña y sincera pintura, que revela a la vez características propias de la pintura emiliana, unidas a elementos de cultura veneciana. No es casualidad que Camillo Ricci, el artista que considero autor de la obra, sea de Ferrara y funda, dentro de su estilo, la pincelada cursiva y la mancha de ascendencia veneciana, con la solidez física emiliana. Su mismo maestro, Ippolito Scarsella, conocido como Scarsellino (Ferrara 1550 - 1620), fue una figura cardinal entre las dos escuelas artísticas, además de entre los dos siglos. Ambos colaboraron entre sí en varias obras, como recuerda Baruffaldi citando un libro de memorias del mismo Scarsellino en el que se anotaban; «los avances y la compañía hecha a Ippolito maestro en las operaciones más grandes y más laboriosas» (G. Baruffaldi, Vite de pittori e scultori ferraresi (1697-1730), Il, Ferrara 1846, pp. 108-116.). Se conoce una Escena erótica campestre con Marte y Venus (de ubicación ignota), que revela de forma nítida las dos manos, del maestro y del alumno, y ese cuadro puede decirse que es un precedente a la impostación de nuestra narración mitológica. Sin embargo, son obras autónomas como un José que huye de la esposa de Putifar, transitado recientemente en las subastas romanas Bertolami (abril de 2023) para proporcionar una comparación acertada de estilo y de expresión. Se repiten los tipos físicos brevilíneos y torneados, además de una simple teatralidad de actitudes y de sentimiento. Pinturas de esta naturaleza hacen comprender cómo es similar también la extensión pictórica que, en buena parte de las sombras, aprovecha el color rojizo de la imprimación, la preparación a base de tierras quemadas, devolviendo a la obra una entonación húmeda. El dipinto con Diana y Acteón muestra partes inconclusas, sobre todo en segundo plano, donde se vislumbran otras dos bañistas esbozadas, pero pinceladas muy rápidas se evidencian también en el proscenio, donde las vestiduras y las armas de las amazonas son tocadas con modernísima fluidez. En el mismo plano de perspectiva, pero puesta más abajo, también la pequeña cascada de agua resulta sabiamente tocada. Podría tratarse de una de las obras dejadas inconclusas en el momento de la precoz desaparición a los treinta y seis años de edad. En cualquier caso, el estilo, que aparece más autónomo de la lección de Scarsellino, debería pertenecer a la última temporada de vida del artista, entre 1620 y 1626.