Francesco Bassano (Bassano, 1549 – Venecia, 1592)
El Otoño
Óleo sobre lienzo, cm 119 x 72
Con marco, cm 94 x 139
El lienzo pertenece al ámbito del gran y fecundo taller originado por Jacopo Da Ponte en la ciudad veneciana de Bassano. En el taller, partiendo de los modelos del fundador Jacopo, los hijos Francesco y Leandro y los demás miembros de la familia replicaron y reelaboraron temas pastorales, alegóricos, sacros y, como en el caso en análisis, la serie de las Cuatro Estaciones, particularmente apreciada por los coleccionistas o de los Elementos.
Dadas las características del cuadro, el lienzo es atribuible a un pintor activo en el círculo de los Bassano. Se trata de una versión del Otoño que tiene su origen en los ciclos de las Estaciones. En este ámbito existen al menos tres series dedicadas a este tema: la más antigua, probablemente, es la conservada en el Kunsthistorisches Museum de Viena, donde el Verano y el Otoño son lienzos autógrafos de Jacopo Bassano, mientras que la Primavera y el Invierno son conocidos gracias a las réplicas de Francesco conservadas en el mismo museo.
El taller replicó luego la serie en cuatro lienzos, hoy en el Castello Sforzesco de Milán, datables en 1573. Siguieron réplicas autónomas de Francesco Bassano, derivadas de la primera serie de la que se encuentra, por ejemplo, un ciclo completo en el Palazzo Spinola de Génova. Una tercera serie, dispersa, está documentada por una tabla del “Theatrum Pictorium”, catálogo de las colecciones de arte del Archiduque Leopoldo Guglielmo, editado en 1660. Otro ciclo, al que le falta el Verano, se conserva en la Galería Borghese de Roma. El cuadro examinado se relaciona bien con los lienzos de tema similar citados, de los que se distingue por algunos detalles. El otoño se representa a través de la representación de los gestos y trabajos artesanales relacionados con la vendimia y el prensado de la uva. El conjunto resulta armonioso, rico en figuras ocupadas en los trabajos otoñales y animales, construidos con pinceladas que se traducen en violentos golpes de luz, con destellos luminosos y menudos, mientras que el resto de la composición permanece en la ligera penumbra. En primer plano se ven dos bovinos, recordando que en esta estación las manadas son regresadas de los pastos de verano, mientras que en los grandes toneles se guarda el mosto. De él se formará el vino nuevo, símbolo de alegría y de renacimiento primaveral. En la parte central del cuadro un campesino está terminando de colocar los aros en la barrica, asegurándose así de las posibles cesiones de la madera. Característico de la producción de los Bassano y en particular de las obras de Francesco es el paisaje que se abre en segundo plano, atravesado por una luminosidad casi dorada.