Retrato de caballero
Óleo sobre lienzo cm103x77
Cuidadosamente afeitado y empolvado, un hombre se dirige, con absorta distracción, hacia un punto situado fuera de nuestro foco de observación. La larga chaqueta con solapas y tres botones se abre a modo de cortina sobre un elegantísimo chaleco del mismo color que el borlón de la cortina de arriba. Tiene una flor en la mano, mientras apoya el brazo sobre algunos libros; la otra mano apoyada en la cintura. El chorro luminoso, que cae desde la izquierda, remarca el fulgor de los rojos, los blancos y los tonos plateados, refractándose sobre la jamba de la mesa y sobre los lomos de los libros (detalle virtuoso que dice mucho sobre el compromiso de este encargo). Aparece en un ambiente cortés, caracterizado por una pesada cortina que recae sobre el asiento. ¿Quién es este joven elegante y de buen aspecto, sentado en el borde de la silla como si se hubiera acomodado a duras penas y en un instante debiera saltar de nuevo a la alerta en una actitud que ya revela cada recoveco del carácter?
No lo sabemos, pero sabemos para quién posó. Reaparecido con la referencia al círculo de Giuseppe Bonito (1707-1789), este deslumbrante retrato, resuelto en un elegante acuerdo entre el rojo de la chaqueta larga y la plata ondulada de la vestimenta sobre la camisa blanca con volantes, es sin discusión la obra maestra de Giacinto Diano retratista; justo después, al menos, de la fulgurante individuación del arquitecto Luigi Vanvitelli (1700-1773), conservada en las colecciones de la Reggia de Caserta y datada en 1765. Evidentemente, se trata, en el plano del estilo, de la misma mano.
La referencia no deja dudas residuales sobre el redondeo de la atribución al mayor pintor puteolano de la edad borbónica y, en definitiva, como sugería hace más de cuarenta años un paisano como Raffaello Causa, el mayor de los napolitanos de segundo '700. Similares la pose y la ambientación; idéntica, y sumamente feliz, la solución de apoyar un brazo sobre los libros como confirmación y legitimación de un estatus ante todo intelectual.
En nuestro caso, como atestigua distintamente el lomo, se trata nada menos que de los tres tomos de la Historia Universalis (1702) de Christoph Keller (comúnmente conocido con la latinización del apellido en Cellarius), estudioso alemán muerto en Halle en 1707, fundador de las tres categorías historiográficas que aún adoptamos y usamos también en el ámbito disciplinar histórico artístico.
No se necesitaría más para calificar a nuestro efigiado, del que no conocemos la identidad, como un reformador napolitano de la generación de Antonio Genovesi o de Giuseppe Palmieri; en cualquier caso, un autoritario representante de la Ilustración meridional en los años maduros de Vanvitelli. Igualmente, no escapan a una puntualización fisionómica agudísima y que no prevé ningún embellecimiento los rostros de los dos. Giacinto Diano, por lo tanto; en una fase madura y, ya, inteligentemente liberado del discipulado con un maestro como Francesco De Mura (1696-1782) en cuyo taller está documentado desde 1752.
Ahora, más allá de una comparación que consideramos resolutiva, estamos ante uno de los ejemplares de lejos más importantes (cabría decir brillantes) de la retratística que, como muchos de nosotros recordarán, forma uno de los capítulos salientes de la civilización del '700 en Nápoles. Atención: si el redondeo sobre Diano y la proximidad al retrato vanvitelliano desplazan a la segunda mitad del siglo nuestro ejemplar, caracterizado por una suerte de verismo lúcido y esmaltado; si las cosas están así, todo aquí habla la lengua del taller de Francesco Solimena como se había definido desde décadas en los estados preunitarios y, ya, en toda Europa.
Los nombres sobre los que conviene insistir para familiarizarnos con la cultura de la tela son los del propio Solimena (que mantiene el esfuerzo hasta 1747); pero sobre todo el de su alumno más fiel, autónomo y talentoso: precisamente De Mura. Ahora que el cuadro corresponda a uno de los dos es de excluir en el plano formal. Nuestro retrato está marcado, repetimos, por un léxico pulido; de algún modo clásico (o, propiamente, ¡neoclásico!); un léxico que, no solo, quema todo residuo de aquel neo seicentismo aún perceptible en los esfuerzos de los tardíos epígonos del Solimena. Pero que revela, en la historia de Diano y en la misma cultura figurativa local, una apertura hacia hechos nuevos y más modernos; y veremos en seguida a quién aludir.
Posición de Diano
Entre los bellos retratos borbónicos reemergidos recientemente, el cuadro en examen permite repensar, desde la más provechosa de las angulaciones, la trayectoria de quien, en Nápoles, fue profesor de dibujo en la Academia en 1773 y, desde 1779 al 82, en la cátedra de pintura. Cierto es significativo que Giacinto Diano hubiera sido maestro y primer inspirador de otro Giacinto: aquel Gigante, que es entre los nombres irrenunciables del canon ottocentesco italiano además de entre los maestros de la definición del paisaje moderno.
Por otro lado, se puede trazar un perfil de la edad borbónica también solo mapeando las obras de Diano conservadas en las principales iglesias napolitanas: desde la Pietà dei Turchini hasta la Trinità dei Pellegrini (ni falta un significativo apéndice abruzzese ya en el final del siglo). Para no mencionar, naturalmente del legado local de Diano a Pozzuoli y en los contornos. Nuestro cuadro, sin embargo, cava una traza que merecería ser seguida con sistematicidad. Se notará, en efecto, como los primeros impulsos culturales del maestro – de respiro inteligentemente local – se abran al conocimiento de los hechos romanos; y, en especial, de Pompeo Batoni (luqués pero de adopción romana, desaparecido octogenario en 1787), probablemente el mayor retratista italiano de la segunda mitad del siglo. La relación de Batoni con el tardío '700 meridional está toda por repensar y no hay duda de que nuestro nuevo cuadro podrá ayudar a la causa.
(Stefano Causa)
Bibliografía:
Marina Causa Picone, I disegni della Società Napoletana di Storia Patria, Napoli 1974, pp. 54 e ss.
Raffaello Causa (a cura di), Civiltà del ‘700 a Napoli, catalogo della mostra, Napoli 1979, vol. 1, passim.
Raffaello Causa, Giacinto Diano nella chiesa di San Raffaele Arcangelo a Pozzuoli, Napoli 1981
Nicola Spinosa, Pittura napoletana del Settecento, Napoli 1986, vol. 2, passim.
Mario Alberto Pavone, Giacinto Diano, ad vocem, in “Dizionario Biografico degli Italiani”, 39, 1991.
Stefano Causa, Caravaggio tra le camicie nere. La pittura napoletana dalla mostra dei tre secoli alle grandi esposizioni del Novecento, Napoli 2013.