Pintura al óleo sobre lienzo con dimensiones de 72 x 92 cm y de 98 x 114 cm con un maravilloso marco coetáneo que representa una escena de exterior de una posada del pintor Giacomo Francesco Cipper, conocido como Todeschini (Feldkirch 1644 – Milán 1736).
Esta pintura, en buen estado de conservación, representa una escena de género poblada por nueve personajes: 4 jóvenes sentados a la mesa, un gaitero detrás, dos personajes que se pelean con una anciana propietaria de la posada que intenta separarlos con una escoba, y otro personaje al fondo a la izquierda buscando algo.
Probablemente, considerando su tamaño, esta pintura solía poseer significados alegóricos y decoraba el elegante estudio de algún literato dedicado a las meditaciones filosóficas e imbuido de amor por la poesía, el arte y la naturaleza.
Nos encontramos ante un lienzo que muestra una disposición escénica moderna, esencial y bien organizada, característica de la mejor tradición pictórica europea. Conviene recordar que el propósito de estas composiciones de tradición flamenca era el de evocar habitualmente uno o más puntos derivados de proverbios y dichos ingeniosos con moralejas.
La adhesión a este original léxico artístico, vívido y de gran inmediatez, permitió a Cipper obtener importantes comisiones pictóricas para la nobleza italiana y milanesa: una rica producción de cuadros de género en los que el maestro manifiesta evidentes vínculos con el realismo del norte de Europa y con el naturalismo italiano. Fue esta peculiar sensibilidad artística la que permitió a Todeschini desarrollar un estilo personal particularmente adecuado para la realización de cuadros similares a este que, en la marcada caracterización de los personajes retratados, se emancipa perfectamente de los resultados alcanzados por Cerruti, llamado Pitocchetto, y por Antonio Cifrondi.
El cuadro es un documento que exhibe un ímpetu luminístico y pasajes de brillante habilidad; esto sucede porque, indudablemente, la mejor parte de la actividad de nuestro pintor es la que se refiere a la retratística, que llevó a cabo con constante empeño, llegando a una peculiaridad de modos que marca una fase significativa en el desarrollo del género, con lúcido anticipo de la fineza ejecutiva de los neoclásicos, debido también a una amplitud de empastes y una perspicacia de definición que son todas prerrogativas típicas de la gran pintura italiana y del propio Cipper.
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Dr. Riccardo Moneghini
Historiador del Arte