La pintura representa a una anciana, sentada en una silla de madera, calentándose las manos sobre un recipiente de terracota que podría contener brasas o pequeños trozos de leña. La mujer lleva un vestido sencillo, típico de la vida cotidiana de las clases populares, con una túnica de color rojo y un manto oscuro que le cubre los hombros, sobre el que se divisa un pañuelo anudado en la cabeza. El rostro marcado por el tiempo, con arrugas profundas, atestigua la avanzada edad de la mujer, que parece mirar al observador con una expresión apacible y ligeramente melancólica.
El ambiente es íntimo y transmite una sensación de tranquila resignación, evocando el frío de la estación invernal. El lienzo, aunque ahora pegado sobre un soporte de cartón, mantiene su encanto original, atribuible a la habilidad de Giacomo Francesco Cipper, conocido como el Todeschini. El pintor, activo en la Lombardía de finales del siglo XVII y principios del XVIII, es célebre por sus escenas de género y las composiciones que representan a mendigos, campesinos y artesanos, a menudo inmersos en actividades cotidianas o en contextos de vida sencilla y rural. Todeschini sobresalía en el arte de representar los detalles realistas de la vida común, añadiendo un componente emocional y a veces dramático, que enriquece sus obras de un realismo vivaz.
La pintura mide 70 cm de altura y 52 cm de anchura, dimensiones que la hacen bastante manejable y apta para un contexto doméstico o coleccionista. El uso de las tonalidades oscuras y el juego de luces y sombras contribuyen a crear una sensación de calor y protección, en contraste con el frío invernal sugerido por la escena.