Siglo XIX
Abanico
Papel pintado, 58 x 33 cm
El abanico representaba un accesorio muy de moda en la época, precisamente por su característica de ser portátil y manejable, además de un verdadero objeto de colección. Se compone de dos partes principales: el paño, constituido por la tela (pintada, estampada o no), que puede tener además un bordado, un encaje (sobre todo en los modelos europeos), o bien estar constituido por una simple hoja de papel impreso y la base rígida y plegable.
El abanico plegable fue inventado por los japoneses entre los siglos VII y IX, posiblemente inspirados en el mecanismo del ala del murciélago. En Europa se conoció a partir de finales del siglo XV tras su importación desde China, llevado por los portugueses que habían abierto rutas comerciales hasta el Extremo Oriente.
Introducido en Francia por Catalina de Médici, se convirtió en el objeto favorito de Isabel I de Inglaterra, convirtiéndose rápidamente en un objeto aristocrático, además de artístico (la pintura de paisajes y las escenas domésticas y sociales son un tema habitual en el diseño de la página).
Posteriormente, su uso se extendió a todos los estratos sociales, convirtiéndose por un lado cada vez más elaborado, destinado a ser exhibido en grandes fiestas o colgado en las paredes como objeto decorativo, y por otro más estandarizado, ligero y resistente para el uso estival cotidiano.
También representaba una extraordinaria forma de comunicación: en el curso del siglo XVIII a las chicas de la nobleza se les enseñaba a manejar sus abanicos en sus lecciones de porte conducidas por sus maestros de danza. En el siglo XIX Duvelleroy, la más importante fábrica de abanicos, publicó una especie de vocabulario de los gestos y los modos usados en el lenguaje del abanico. Desde 1991 está abierto al público el Museo del Abanico (The Fan Museum) de Greenwich, que también instaló exposiciones temáticas en sedes diferentes, como la titulada Fabulous Fan en el Victoria and Albert Museum de la primavera de 1995.
En el abanico en cuestión parecería reconocible el Palacio Real de Caserta, haciendo suponer una manufactura de procedencia campana.
El objeto está en buena conservación
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