Retrato de mujer con el refinado gusto del "non finito", el estilo con el que algunos pintores de principios del siglo XIX -superando los cánones del Neoclasicismo- dejaban voluntariamente inacabadas algunas partes secundarias del cuadro para evidenciar la superioridad del momento inventivo sobre el ejecutivo, y mostrar el papel determinante de la idea central en el proceso de formación de la obra de arte.
Óleo sobre lienzo de 54 x 36,8, en marco coetáneo dorado.