Joven caballero en la biblioteca, retratado con los instrumentos representativos de su ocupación intelectual.
El cuadro, datable dentro de las dos primeras décadas del siglo XIX, remite a la tradición del retrato al final del recorrido de estudios, como testimonio de su culminación y del logro de la edad adulta.
Apoyados sobre la mesa hay tres libros y un estuche que contiene las gafas de lectura, objetos que, junto con los demás libros conservados ordenadamente en las estanterías de la biblioteca, indican que el joven ha coronado un ciclo de estudios humanísticos.
El lenguaje estilístico remite a la mano de un artista de sensibilidad véneto, como sugiere la definición casi exclusivamente colorística de las formas.
El retrato se presenta hoy en perfecto estado de conservación, después de una recuperación hecha necesaria por el hecho de que el cuadro era utilizado por la parte del reverso, sobre la que otro pintor había pintado una Madonna Addolorata de calidad popular.
La obra está insertada en un marco de madera de principios del siglo XIX, con lacado bicolor verde y ocre (ver foto de detalle n.3).
Óleo sobre lienzo de cm. 79,5 x 58.