ANSELMO BUCCI
(Fossombrone, 1887 ~ Monza, 1955)
Giuditta y Holofernes (1931)
Óleo sobre tabla, cm 35x25
Firma y título autógrafos al dorso
Escrito autógrafo con mensaje autógrafo personal: “Duerme y no vayas a Monza. Me quedaré a desayunar en casa. Despiértame a las 9.”
Procedencia: colección Marco Fossati - Herederos Bucci
Bibliografía: Entre líneas. Veinticuatro artistas del Novecientos italiano a través de imágenes y palabras, editado por G.Cribiori, 9cento Milano Edizioni, 2023, tav 82, p 144
La galería Studiolo procede al archivo de las obras del Maestro a través del Archivo Anselmo Bucci Milano
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En la Biblia, más precisamente en el Libro de Judit, compuesto por 16 capítulos que describen la historia de la hebrea Judit, ambientada en la época de Nabucodonosor (605-562 a.C.), "rey de los Asirios" [sic]. La ciudad judea de Betulia está bajo asedio por parte de Holofernes, general asirio, y es liberada gracias a Judit.
Una noche Judit se preparó, se vistió y, bellísima, se dirigió junto con una sirvienta a la tienda de Holofernes, llevando consigo dones y fingiendo querer traicionar a su pueblo para entregárselo al enemigo. Holofernes le creyó, la invitó a su banquete, bebió y se embriagó. La invitó a sus estancias y Judit esperó el momento justo para matarlo cortándole la cabeza con dos golpes de cimitarra. Después de haberlo matado, puso la cabeza en la cesta de las viandas y regresó, victoriosa, a su pueblo. Judit es, entre las figuras bíblicas, símbolo de virtud y de devoción a Dios.
Anselmo Bucci encuentra una protagonista, Judit, que interpretó en 1927, transfigurándola en su modernidad: la mujer, desnuda, sentada a la cabecera de la cama donde yace el moderno Holofernes (¿el mismo Bucci?) aparece en el acto de decidir cuál será el futuro de su compañero, aunque el cuchillo que empuña deja presagiar un final cruento.
Difícil, de todos modos, interpretar el "pensamiento de Bucci" en este caso, sin sus indicaciones ulteriores: una hipótesis plausible es que se trate de un episodio personal interpretado y dedicado a su relación con una mujer (a través del título) con la consueta ironía mordaz; eventualidad, esta, que podría conectar de alguna manera la obra al mensaje escrito al dorso, del cual, sin embargo, no conocemos el destinatario; queda un dato de hecho que la persona para quien Bucci ha escrito el mensaje seguramente era una mujer, como es igualmente cierto que ella haya recibido un mensaje escrito al dorso de un cuadro titulado Giuditta e Oloferne...