Plantado sobre sus patas y con los ojos desorbitados, el potro se encabrita asustado a la vista del cráneo equino que aparece a la izquierda, tensando de golpe su frenética fisicidad.
La tensión del protagonista se expresa a través de un trazo gráfico nervioso e incisivo, mientras que los contornos anchos y profundos aumentan el sentido de plasticidad, haciendo evidente que el artista piensa antes que nada como escultor.
Elia Ajolfi (Bérgamo 1916-2001), formado primero en el taller de su padre Francesco (junto a Giacomo Manzù) y luego en la Academia de Florencia, es uno de los grandes escultores en bronce del siglo XX italiano, pero también en hierro fundido, en arcilla y en materiales innovadores; a los ciclos escultóricos animalísticos, a partir de finales de los años 50, él hacía preceder refinados dibujos como este, caracterizados por una incisiva y ágil plasticidad.
Técnica mixta (tinta a pluma y acuarelada) sobre papel beige, medidas cm. 100 x 72,5; marco en listón de madera.
Firma y fecha 1961 abajo a la derecha.